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Por qué el metabolismo y la motivación para entrenar no son iguales en ambos sexos

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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El cuerpo femenino atraviesa un ciclo hormonal que influye directamente en la motivación para ejercitarse y en la respuesta física al entrenamiento.

Especialistas consultadas por Infobae explican que las fluctuaciones hormonales no son excusas, sino que ayudan a comprender por qué la energía, el ánimo y la capacidad de rendimiento de las mujeres varían durante la edad fértil y también en la menopausia.

Diferencias metabólicas entre mujeres y hombres

La ginecóloga Cintia Caramés (MN 113532), especializada en ginecología regenerativa y funcional, explicó que el cuerpo femenino opera de manera cíclica debido a los cambios en estrógeno, progesterona y, en menor medida, testosterona a lo largo del ciclo menstrual. Estas hormonas regulan la función reproductiva, el metabolismo, la musculatura y los circuitos cerebrales relacionados con la energía y la motivación.

La endocrinóloga Laura Maffei (MN 62.441) señaló que el metabolismo femenino depende más de las grasas como fuente de energía durante el ejercicio, mientras que los hombres usan principalmente glucosa y glucógeno muscular. Esto no implica que las mujeres tengan menos capacidad de entrenamiento, sino que su fisiología responde de manera distinta.

La profesora de Educación Física Claudia Lescano, especialista en alto rendimiento y Medicina del Ejercicio, agregó que las mujeres son más eficientes utilizando grasa como combustible y presentan mayor resistencia a la fatiga muscular, por lo que sus rutinas de entrenamiento no deberían ser idénticas a las masculinas.

Fases del ciclo menstrual y su influencia en el ejercicio

Fase folicular (días 1 a 14): Tras la menstruación, los niveles de estrógeno comienzan a subir. Caramés indica que esta hormona mejora la sensibilidad a la insulina, facilita la utilización de glucosa y ácidos grasos, protege los músculos y aumenta la energía y vitalidad. También se produce un leve incremento de testosterona, que contribuye a la fuerza y síntesis de proteínas. Lescano comenta que el aumento de estrógeno eleva dopamina y serotonina, mejorando el ánimo y la predisposición al ejercicio, siendo esta etapa ideal para entrenamientos de alta intensidad.

Ovulación: El estrógeno alcanza su nivel máximo y la testosterona aumenta ligeramente. Según Maffei, muchas mujeres experimentan mayor energía, recuperación y tolerancia al esfuerzo. Lescano recomienda aprovechar esta fase para ejercicios de fuerza y velocidad.

Fase lútea (días 15 a 28): La progesterona predomina, elevando la temperatura corporal y provocando mayor cansancio y menor motivación. Esta hormona tiene un efecto calmante sobre el sistema nervioso y puede aumentar la fatiga. Durante esta etapa, el cuerpo usa preferentemente grasas como fuente de energía y el ejercicio cardiovascular puede sentirse más agotador. Adaptar la intensidad según las sensaciones es clave.

Semana premenstrual: El estrógeno disminuye y puede incrementarse la inflamación. Lescano recomienda mantener la actividad física sin sobrecargar el sistema, priorizando ejercicios de movilidad o bajo impacto.

Menopausia y cambios hormonales

Con la menopausia, estrógeno y testosterona caen de manera sostenida. Caramés explica que esto provoca pérdida de protección sobre el músculo y aumento de grasa abdominal. La disminución de testosterona afecta masa muscular, fuerza y sensación de energía. Maffei aclara que el peso puede no aumentar significativamente, pero sí cambia la composición corporal: más grasa y menos músculo. El metabolismo basal disminuye y la grasa visceral tiende a acumularse. Lescano sugiere priorizar entrenamientos de fuerza, HIIT y aumentar la ingesta de proteínas, cuidando el descanso y la recuperación.

Adaptar el ejercicio a cada etapa

Las especialistas coinciden en que la rutina debe ajustarse al ciclo hormonal y a la etapa de la vida. Caramés aconseja modificar intensidad y tipo de entrenamiento según el momento del ciclo. Maffei recomienda aprovechar las semanas de mayor energía para actividades intensas y reservar las de menor motivación para ejercicios suaves o de recuperación. Lescano enfatiza que durante la menopausia la recuperación es más lenta, por lo que el descanso y el sueño son tan importantes como la actividad física.

Consejos para mantener bienestar y motivación

Aceptar la ciclicidad del cuerpo: La energía y motivación varían naturalmente; reconocerlo ayuda a ajustar expectativas.

No atribuir la falta de ganas únicamente a la voluntad: Hormonas y neurotransmisores influyen en la energía y el deseo de moverse.

Priorizar constancia sobre perfección: Mantener el hábito es más efectivo que buscar resultados inmediatos.

Escuchar al cuerpo: Ajustar la rutina según sensaciones y energía evita agotamiento y lesiones.

Evitar culpa o frustración: Los altibajos son normales y forman parte del funcionamiento natural.

Buscar apoyo profesional: Ginecólogos, endocrinólogos o entrenadores especializados pueden ayudar a personalizar los entrenamientos según la etapa hormonal.

 

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