La clave para un metabolismo saludable podría estar en el horario de las comidas

El momento en que se realizan las comidas dentro de un esquema de alimentación con restricción horaria tiene un impacto directo en la salud metabólica, de acuerdo con un metaanálisis internacional publicado en BMJ Medicine.
Investigadores de la Universidad Nacional de Taiwán concluyeron que adelantar la ingesta diaria, especialmente hacia las primeras horas del día, se asocia con mejoras en el peso corporal, la glucosa en ayunas, la presión arterial sistólica y el perfil de lípidos.
La alimentación con restricción de tiempo consiste en concentrar la ingesta diaria en un intervalo determinado —generalmente menor a 12 horas— sin que necesariamente se reduzca el total de calorías consumidas. Su importancia radica en que pone el foco en el horario de las comidas y su relación con los ritmos circadianos, más que en la simple reducción energética. Diversos estudios indican que esta estrategia puede optimizar marcadores metabólicos sin imponer una restricción calórica estricta.
El equipo encabezado por Ling-Wei Chen analizó 41 ensayos clínicos aleatorizados que incluyeron a 2.287 participantes de distintas edades y perfiles de salud. Los estudios se clasificaron según la hora de la última comida: antes de las 17:00 (ventana temprana), entre las 17:00 y las 19:00 (intermedia) y después de las 19:00 (tardía).
También se evaluaron tres tipos de duración de la ventana alimentaria: menos de ocho horas, exactamente ocho horas y más de ocho horas. Entre los parámetros estudiados se incluyeron peso corporal, circunferencia de cintura, presión arterial, glucosa e insulina en ayunas, perfil lipídico y grado de adherencia a la intervención.
El análisis determinó que, en comparación con las dietas convencionales, la restricción horaria de la alimentación mejora de forma constante distintos indicadores metabólicos. Sin embargo, no todas las modalidades mostraron la misma eficacia.
Comer más temprano —con la última comida antes de las 17:00— potenció los efectos positivos sobre el peso corporal (con una diferencia promedio de 1,15 kg frente a quienes comían tarde) y la glucosa en ayunas. Además, se observaron beneficios adicionales en la presión arterial sistólica y en el perfil de lípidos. Según explicó Chen, el momento de la ingesta puede ser tan determinante como la duración de la ventana alimentaria. En contraste, quienes cenaban después de las 19:00 obtuvieron resultados menos favorables, especialmente cuando el periodo de consumo era prolongado.
El estudio también mostró que reducir la ventana a menos de ocho horas no garantiza automáticamente mayores ventajas metabólicas. La respuesta en variables como peso, glucosa e insulina depende en gran medida del horario en que se distribuyen las comidas.
Por ejemplo, la reducción de la circunferencia de cintura fue significativa únicamente en los grupos con ventanas menores a ocho horas, mientras que otros indicadores presentaron resultados más variables.
Los autores advirtieron que simplemente acortar el periodo de alimentación no asegura mejores efectos si se mantiene un horario tardío. El mayor beneficio se observó cuando la ventana —de hasta ocho horas— se alineó con horarios tempranos o intermedios (última comida antes de las 19:00), en sincronía con los ritmos biológicos del organismo.
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