Dile adiós a la resistencia a la insulina eliminando estas bebidas de tu dieta

El consumo elevado de refrescos y alimentos ultraprocesados se ha convertido en uno de los principales factores que favorecen la resistencia a la insulina, un trastorno metabólico que suele anteceder a padecimientos como la diabetes tipo 2 y la obesidad.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos y el ISSSTE, cuando las células dejan de responder adecuadamente a esta hormona esencial, el páncreas se ve obligado a producir más insulina. Esta sobrecarga puede traducirse en mayor acumulación de grasa y concentraciones elevadas de glucosa en la sangre.
La insulina actúa como una especie de “llave” que permite que el azúcar ingrese a las células del músculo, el tejido adiposo y el hígado para transformarse en energía. Si este proceso se altera, el organismo entra en un estado de desequilibrio metabólico.
Para prevenir esta situación, resulta clave reconocer y limitar el consumo de bebidas con azúcares añadidos como sacarosa, maltosa, jarabe de maíz de alta fructosa y dextrosa, ya que provocan aumentos casi inmediatos en los niveles de glucosa.
Las bebidas más perjudiciales
Entre los productos más dañinos destacan los refrescos tradicionales. Una lata de 355 mililitros puede aportar hasta 40 gramos de azúcar, cantidad que rebasa las recomendaciones diarias de distintas autoridades sanitarias.
También se incluyen las bebidas energéticas y deportivas que, pese a su imagen asociada al rendimiento físico, pueden contener más de 37 gramos de azúcar por porción, afectando de manera importante el metabolismo tanto de jóvenes como de adultos.
Otro riesgo frecuente son los jugos de fruta. Aunque se promocionen como 100% naturales, al exprimir la fruta se elimina la fibra que ayuda a regular la absorción del azúcar.
Sin esa fibra, la fructosa se absorbe rápidamente, generando un efecto metabólico comparable al de los refrescos.
Especialistas citados por Healthgrades advierten que incluso jugos sin azúcar añadida, como los de arándano o naranja, pueden contribuir a la resistencia a la insulina si se consumen en grandes cantidades y sin la estructura natural de la fruta entera.
Alcohol y bebidas “light”
El alcohol también representa un factor relevante. Su ingesta excesiva puede elevar la glucosa y, en personas que toman medicamentos para controlarla, incluso desencadenar hipoglucemias peligrosas.
En cuanto a las bebidas etiquetadas como “light” o “zero”, que emplean edulcorantes artificiales, continúan siendo objeto de análisis científico, ya que algunas investigaciones sugieren que podrían influir indirectamente en la sensibilidad a la insulina.
Para reducir estos riesgos, la Mayo Clinic aconseja optar principalmente por agua natural o agua mineral. Asimismo, recomienda asegurar una alimentación rica en fibra e incluir nutrientes como magnesio, ácidos grasos omega-3 y vitamina D para favorecer un metabolismo saludable.
Ante señales como cansancio persistente o aumento de peso sin causa aparente, lo más prudente es acudir con un profesional de la salud que pueda diseñar un plan nutricional adecuado, protegiendo así la función pancreática y el bienestar general.
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