Un fósil de 500 millones de años reveló el origen compartido entre arañas

El hallazgo de fósiles pertenecientes a una especie hasta ahora desconocida permitió identificar la conexión evolutiva más antigua entre las arañas que hoy pueden encontrarse en viviendas y otros espacios, y los cangrejos herradura, artrópodos marinos.
La especie fue denominada Megachelicerax cousteaui, un gran depredador carnívoro que se desplazaba cerca del fondo marino.
Los restos fueron descubiertos en Utah, Estados Unidos, y su estudio ofrece nuevas claves sobre el origen de dos grupos emblemáticos: las arañas y los cangrejos herradura.
Investigadores de la Universidad de Harvard, junto con otros colaboradores, demostraron que los quelicerados —grupo al que pertenecen ambos animales— ya existían hace aproximadamente 500 millones de años. Lo más relevante es que ya poseían su estructura distintiva: las quelíceras.
Estas quelíceras son apéndices prensiles exclusivos de este linaje, que hoy incluye a arañas, escorpiones, ácaros y cangrejos herradura.
Antes de este descubrimiento, los fósiles más antiguos con estas características eran mucho más recientes, lo que mantenía dudas sobre el momento exacto en que aparecieron.
La investigación fue encabezada por Rudy Lerosey-Aubril y Javier Ortega-Hernández, del Departamento de Biología Organísmica y del Museo de Zoología Comparada de Harvard.
El estudio, publicado en la revista Nature, analizó ejemplares encontrados en la Formación Wheeler, posteriormente donados al Instituto de Biodiversidad y Museo de Historia Natural de la Universidad de Kansas.
El ancestro común de arañas y cangrejos herradura
Los quelicerados abarcan desde arañas y escorpiones hasta cangrejos herradura. Su origen había sido un enigma debido a la falta de fósiles claros con verdaderas quelíceras.
Los registros del Cámbrico solo mostraban organismos cercanos, pero no el apéndice prensil que hoy define a este grupo.
El objetivo principal fue determinar cuándo y cómo surgieron las quelíceras y la división del cuerpo en dos regiones, rasgos fundamentales en todo el linaje.
Para ello, los investigadores examinaron con detalle la anatomía de Megachelicerax cousteaui y la compararon con otros artrópodos fósiles.
Además, buscaron resolver si las quelíceras evolucionaron a partir de antenas segmentadas o de apéndices depredadores más antiguos.
Mediante análisis filogenéticos lograron ubicar a esta nueva especie en la base del árbol evolutivo de los quelicerados.
Reconstrucción de un depredador marino antiguo
El trabajo se apoyó en fósiles excepcionalmente conservados de la Formación Wheeler, donde fue posible observar con detalle el exoesqueleto y sus apéndices.
Megachelicerax cousteaui medía poco más de ocho centímetros, presentaba un escudo prosomal semicircular y nueve segmentos corporales.
Los métodos comparativos y filogenéticos lo posicionaron como un quelicerado basal, es decir, muy cercano al origen del grupo.
Su anatomía mostró una combinación de rasgos: un exoesqueleto semejante al de los habeliidos y apéndices comparables a los de los sinziphosurinos, considerados parientes tempranos de los cangrejos herradura.
Este detalle confirmó que la base anatómica de arañas y cangrejos herradura ya estaba establecida en el Cámbrico medio.
También se documentaron apéndices posteriores a las quelíceras con funciones locomotoras y sensoriales.
Las estructuras respiratorias del fósil recuerdan a las branquias de los cangrejos herradura actuales, lo que refuerza su adaptación al ambiente marino y su estrecha relación evolutiva.
El estudio concluyó que tanto la organización corporal típica como las quelíceras auténticas ya estaban presentes hace 500 millones de años.
Aun así, los investigadores señalaron que la aparición de estos rasgos no provocó una diversificación ecológica inmediata.
Durante millones de años, los quelicerados permanecieron con baja diversidad y coexistieron en los mares junto a trilobites y otros artrópodos de anatomía más simple.
Nuevos retos para la paleontología
Los autores subrayan la necesidad de encontrar más fósiles que permitan precisar con mayor exactitud el calendario evolutivo y los mecanismos que dieron origen a estos rasgos clave.
También reconocieron que la conservación incompleta de algunos caracteres dificulta reconstruir por completo a Megachelicerax cousteaui.
En conjunto, este descubrimiento confirma que la historia evolutiva de arañas y cangrejos herradura comenzó mucho antes de lo que se pensaba y abre nuevas pistas para entender el surgimiento de los primeros grandes depredadores marinos.
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