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Un estudio vincula un alto consumo de este grupo de alimentos con mayor riesgo de muerte

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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España estudia restringir su presencia en la oferta alimentaria de centros públicos, Estados Unidos los ha señalado en sus más recientes guías nutricionales y múltiples investigaciones advierten sobre sus riesgos.

La más amplia hasta ahora —una revisión de 45 metaanálisis que incluyó a casi 10 millones de personas y fue publicada en The BMJ— asocia el consumo de estos productos con más de 30 efectos adversos para la salud, entre ellos distintos tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares y respiratorias graves, trastornos mentales y muerte prematura. Se trata de los alimentos ultraprocesados, caracterizados por su bajo aporte de nutrientes esenciales como vitaminas, minerales y fibra, y por su elaboración industrial con aditivos, saborizantes artificiales, conservadores, emulsionantes y elevados niveles de azúcares añadidos y grasas poco saludables.

Una investigación más reciente, difundida en la revista Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention de la Asociación Estadounidense para la Investigación del Cáncer (AACR), relaciona un alto consumo de estos productos con un mayor riesgo de mortalidad en personas que han sobrevivido al cáncer.

Según explica la investigadora Bonaccio, la alimentación tras un diagnóstico oncológico puede influir en la supervivencia, aunque la mayoría de estudios previos se han enfocado en nutrientes específicos y no en el grado de procesamiento de los alimentos. Añade que los compuestos involucrados en la producción industrial pueden alterar procesos metabólicos, modificar la microbiota intestinal y favorecer la inflamación. Por ello, incluso si un ultraprocesado presenta un perfil calórico y nutricional similar al de un alimento mínimamente procesado, podría resultar más perjudicial debido a su nivel de transformación industrial.

En el marco del estudio prospectivo Moli-sani, los investigadores siguieron entre 2005 y 2022 a 24,325 personas mayores de 35 años residentes en la región italiana de Molise. Dentro de ese grupo identificaron a 802 sobrevivientes de cáncer (476 mujeres y 326 hombres), quienes proporcionaron información detallada sobre su alimentación mediante el cuestionario EPIC. Para clasificar los productos ultraprocesados utilizaron el sistema NOVA, que categoriza los alimentos en cuatro grupos según el grado y propósito del procesamiento.

El consumo de ultraprocesados se evaluó de dos maneras: por proporción en peso (cantidad diaria de estos productos respecto al total de alimentos y bebidas ingeridos) y por proporción energética (calorías provenientes de ultraprocesados en relación con el total calórico diario). Los participantes se dividieron en tres grupos según su consumo, y los resultados se ajustaron considerando factores como edad, tabaquismo, índice de masa corporal, actividad física, antecedentes médicos, tipo de cáncer y adherencia a la dieta mediterránea.

Tras un seguimiento promedio de 14.6 años, se registraron 281 fallecimientos entre los sobrevivientes de cáncer. Quienes consumían mayor proporción de ultraprocesados en peso presentaron un 48 % más riesgo de muerte por cualquier causa y un 57 % más riesgo de muerte por cáncer, en comparación con quienes consumían menos. Cuando se analizó la proporción energética, la asociación se mantuvo para la mortalidad por cáncer, aunque no para otras causas.

Bonaccio señala que algunos alimentos pueden tener mucho peso pero pocas calorías, o al contrario, lo que puede generar diferencias según la forma de medición. No obstante, el hecho de que la relación entre ultraprocesados y mortalidad persistiera incluso tras ajustar la calidad global de la dieta sugiere que el impacto negativo no se debe únicamente a su bajo valor nutricional, sino también al propio procesamiento industrial.

Para explorar posibles mecanismos biológicos, los investigadores analizaron biomarcadores inflamatorios, metabólicos y cardiovasculares. Los resultados indican que un aumento en la inflamación y una mayor frecuencia cardíaca en reposo podrían explicar parcialmente el vínculo entre el consumo elevado de ultraprocesados y la mayor mortalidad en sobrevivientes de cáncer.

Con el fin de determinar si el contenido nutricional marcaba diferencias, el equipo examinó siete categorías de ultraprocesados, entre ellas bebidas azucaradas o con edulcorantes, productos lácteos y quesos, carnes procesadas, aperitivos salados, salsas ricas en grasa, alimentos con almidón y productos dulces. Aunque algunas categorías mostraron mayor asociación con mortalidad que otras, los autores consideran más útil analizar el patrón dietético global que centrarse en productos individuales.

El mensaje principal, subraya Bonaccio, es que lo relevante es el consumo total de ultraprocesados. Reducir su ingesta y priorizar alimentos frescos, mínimamente procesados y preparados en casa constituye la estrategia más beneficiosa. Como orientación práctica, sugiere revisar las etiquetas: los productos con más de cinco ingredientes o que incluyan aditivos probablemente sean ultraprocesados.

El estudio presenta limitaciones: al tratarse de un diseño observacional no puede establecer causalidad; la información dietética fue autodeclarada, lo que puede implicar errores; los hábitos alimentarios pudieron cambiar con el tiempo; y existe posible sesgo de supervivencia, ya que la dieta se evaluó en promedio 8.4 años después del diagnóstico de cáncer.

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