Un análisis de sangre puede predecir la supervivencia a corto plazo entre los mayores

Un estudio reciente indica que una prueba experimental de sangre podría anticipar la probabilidad de supervivencia en adultos mayores.
El análisis, basado en información genética, logró predecir la supervivencia a dos años con una precisión de hasta el 86 % en cientos de personas de edad avanzada, según se reportó el 24 de febrero en la revista Aging Cell.
La prueba se centra en los ARN asociados a PIWI (piARN), un tipo de moléculas genéticas implicadas en la regulación del desarrollo, la regeneración celular y la respuesta inmunológica.
La investigadora principal, la Dra. Virginia Byers Kraus, profesora de medicina, patología y cirugía ortopédica en la Duke University en Durham, Carolina del Norte, explicó que la combinación de solo unos cuantos piARN resultó ser el indicador más sólido de supervivencia a dos años en adultos mayores, superando factores como la edad, los hábitos de vida y otras mediciones de salud evaluadas.
Según Kraus, lo más llamativo fue que esta señal tan potente pudiera obtenerse mediante un simple análisis sanguíneo.
Para llevar a cabo la investigación, el equipo midió los niveles de piARN en muestras de sangre de casi 1.300 personas mayores de 71 años. Los hallazgos mostraron que concentraciones más bajas de determinados piARN se asociaban de manera clara con una mayor supervivencia.
En concreto, un grupo de seis piARN fue suficiente para estimar la probabilidad de que una persona viviera más de dos años, alcanzando hasta un 86 % de exactitud. Quienes sobrevivieron por más tiempo tendían a presentar niveles consistentemente más bajos de estas moléculas.
Kraus señaló que aún se conoce poco sobre la función de los piARN en la sangre, pero los datos sugieren que concentraciones elevadas podrían reflejar desequilibrios en el organismo. Comprender las razones detrás de esto podría abrir la puerta a nuevas estrategias terapéuticas orientadas a promover un envejecimiento saludable.
De acuerdo con los investigadores, estos piARN superaron a variables como la edad, el colesterol, la actividad física y más de 180 indicadores clínicos en la predicción de supervivencia a corto plazo.
Aunque los factores relacionados con el estilo de vida cobraron mayor relevancia al evaluar la supervivencia a largo plazo, los piARN continuaron aportando información valiosa sobre la biología individual.
Kraus comparó estas pequeñas moléculas de ARN con “microgestores” del organismo, ya que participan en el control de numerosos procesos vinculados con la salud y el envejecimiento, y destacó que apenas se está comenzando a dimensionar su importancia.
En los siguientes pasos, el equipo planea investigar si intervenciones médicas, cambios en el estilo de vida o tratamientos farmacológicos pueden modificar los niveles de piARN. También buscarán comparar las concentraciones presentes en sangre con las encontradas en distintos tejidos para comprender mejor su funcionamiento.
La investigadora concluyó que este trabajo sugiere la posibilidad de identificar el riesgo de supervivencia a corto plazo mediante una prueba sanguínea sencilla y mínimamente invasiva, con la meta final de mejorar la salud durante el envejecimiento.
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