Tipos de obesidad: cómo se clasifican y qué significan

Organismos como la Organización Mundial de la Salud, los National Institutes of Health y centros médicos como Cleveland Clinic han investigado durante décadas la forma de clasificar la obesidad para comprender mejor sus causas, riesgos y opciones de tratamiento. Gracias a estos estudios se han establecido criterios clínicos que hoy orientan la práctica médica.
La obesidad: una enfermedad, no solo una cuestión de voluntad
Antes de hablar de sus tipos, es importante entender qué significa la obesidad. Se trata de una enfermedad crónica caracterizada por una acumulación excesiva de grasa corporal que puede perjudicar la salud y aumentar el riesgo de diversas enfermedades.
La Organización Mundial de la Salud define esta condición como una acumulación anormal o excesiva de grasa que representa un peligro para el organismo. Entre las complicaciones asociadas se encuentran la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión y algunos tipos de cáncer.
Según datos globales citados por este organismo, más de mil millones de personas viven con obesidad en el mundo, lo que la convierte en uno de los principales problemas de salud pública.
Sin embargo, la investigación científica ha demostrado que la obesidad no es una condición uniforme. Su impacto depende de factores como la distribución de la grasa, el metabolismo, la genética y los procesos hormonales. Por esta razón, los especialistas han desarrollado diferentes formas de clasificarla para evaluar mejor los riesgos individuales de cada paciente.
Clasificación según el índice de masa corporal (IMC)
Una de las clasificaciones más utilizadas se basa en el Índice de Masa Corporal (IMC), que relaciona el peso con la estatura.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades establecen las siguientes categorías en adultos:
Sobrepeso: IMC entre 25 y 29.9
Obesidad grado 1: IMC de 30 a 34.9
Obesidad grado 2: IMC de 35 a 39.9
Obesidad grado 3: IMC de 40 o más (también llamada obesidad severa o mórbida)
Este método se utiliza ampliamente porque permite identificar de manera rápida el nivel de riesgo. No obstante, tiene limitaciones, ya que no diferencia entre masa muscular y grasa ni indica cómo está distribuida la grasa en el cuerpo. Por ello, muchos especialistas lo combinan con otros indicadores metabólicos.
Tipos de obesidad según la distribución de grasa
La ubicación de la grasa corporal también influye en el riesgo de enfermedad.
Obesidad abdominal o visceral
También conocida como obesidad central, ocurre cuando la grasa se acumula principalmente en la zona del abdomen. Este patrón se relaciona con mayor probabilidad de desarrollar:
diabetes tipo 2
enfermedades cardiovasculares
síndrome metabólico
De acuerdo con los National Institutes of Health, la grasa visceral rodea órganos internos como el hígado y el páncreas, lo que puede alterar el metabolismo de la glucosa y las grasas. Este tipo de obesidad suele asociarse con una distribución corporal en forma de “manzana”, donde el abdomen es más prominente.
Su riesgo es mayor porque el tejido adiposo visceral produce sustancias inflamatorias y hormonas que pueden afectar diferentes funciones del organismo.
Obesidad periférica o subcutánea
En este caso, la grasa se acumula principalmente en:
caderas
glúteos
muslos
Este patrón, descrito como forma de “pera”, suele tener un impacto metabólico menor que la obesidad abdominal, aunque sigue siendo un factor de riesgo para la salud. Es más frecuente en mujeres y está influenciado por factores hormonales.
Tipos de obesidad según su origen
La medicina también clasifica la obesidad según las causas que la producen.
Obesidad primaria o exógena
Es la forma más común y se relaciona con un desequilibrio energético, es decir, consumir más calorías de las que el cuerpo gasta. Entre los factores asociados se encuentran:
dietas hipercalóricas
falta de actividad física
ambientes que favorecen el exceso de consumo
predisposición genética
La American Society for Metabolic and Bariatric Surgery señala que la obesidad es una enfermedad multifactorial, en la que influyen la biología, el comportamiento y el entorno.
Obesidad secundaria
En este tipo, el aumento de peso se produce como consecuencia de otras enfermedades o del uso de determinados medicamentos. Algunas causas frecuentes incluyen:
hipotiroidismo
síndrome de Cushing
trastornos hormonales
ciertos antidepresivos o corticosteroides
Aunque representa una proporción menor de casos, identificarla es importante porque el tratamiento debe dirigirse a la causa médica que la origina.
Nuevas formas de clasificar la obesidad
En los últimos años, algunos especialistas han cuestionado que el IMC por sí solo sea suficiente para evaluar la enfermedad.
Un informe de la The Lancet Commission on Clinical Obesity propone considerar también factores como:
alteraciones metabólicas
afectación de órganos
limitaciones físicas
impacto en la calidad de vida
Este enfoque reconoce que dos personas con el mismo IMC pueden tener riesgos muy distintos, dependiendo de cómo el exceso de grasa afecte su organismo.
La obesidad metabólicamente saludable
Otro concepto que ha generado debate es la llamada obesidad metabólicamente saludable, que describe a personas con obesidad que:
no presentan resistencia a la insulina
mantienen presión arterial normal
tienen niveles adecuados de colesterol
Sin embargo, la World Obesity Federation advierte que esta situación podría ser temporal. Incluso cuando los indicadores metabólicos son normales, el exceso de grasa corporal puede convertirse en un riesgo con el paso del tiempo.
Importancia de clasificar la obesidad
Comprender los distintos tipos de obesidad no es solo un ejercicio teórico. Esta información permite a los médicos:
identificar riesgos cardiovasculares
definir estrategias nutricionales
valorar tratamientos farmacológicos
considerar opciones como la cirugía bariátrica
La Cleveland Clinic señala que el control del peso requiere un enfoque integral, que combine cambios en el estilo de vida, seguimiento médico y, en algunos casos, tratamientos especializados.
Además, conocer estas clasificaciones ayuda a evitar simplificaciones. Durante mucho tiempo la obesidad se interpretó únicamente como una cuestión de disciplina personal, ignorando su complejidad biológica y social. Hoy la evidencia científica insiste en que se trata de una enfermedad crónica con múltiples causas.
Prevención de la obesidad
Aunque la genética y otros factores biológicos influyen en su desarrollo, diversos hábitos pueden reducir el riesgo. Entre las recomendaciones más aceptadas se encuentran:
realizar actividad física de forma regular
seguir una alimentación equilibrada
dormir adecuadamente
limitar el consumo de alimentos ultraprocesados
manejar el estrés
La Organización Mundial de la Salud también subraya que la prevención requiere cambios más amplios, como políticas públicas, educación nutricional y entornos que favorezcan estilos de vida saludables.
En definitiva, hablar de tipos de obesidad implica reconocer que el exceso de peso no es un fenómeno único ni simple. Existen diferentes formas, causas y riesgos, lo que exige enfoques médicos diversos y una comprensión más profunda del problema.
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