Técnicas de parto vinculadas al riesgo de trastorno por déficit de atención/hiperactividad

Un estudio publicado en JAMA Network Open encontró que el uso de ventosa y fórceps durante el parto se relaciona con un riesgo ligeramente mayor de desarrollar trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH) y discapacidad intelectual, en comparación con la cesárea de segunda etapa.
Los resultados buscan responder a una cuestión clínica frecuente: si las decisiones sobre el parto en fases avanzadas influyen de manera significativa en el riesgo neurológico a largo plazo de los niños. Sin embargo, los expertos señalan que es poco probable que estos hallazgos modifiquen las decisiones en el momento del parto. “Durante el trabajo de parto, los riesgos inmediatos para la madre y el recién nacido son más importantes que las asociaciones a largo plazo”, afirmó la Dra. Andrea Edlow, especialista materno-fetal del Massachusetts General Hospital, quien no participó en la investigación.
Según la Dra. Edlow, los factores clínicos de la paciente y del feto, como el tamaño, la posición y los esfuerzos de la madre para pujar, son los elementos más determinantes al decidir entre un parto instrumental o una cesárea de segunda etapa.
El estudio analizó más de 500.000 nacimientos a término en Columbia Británica, Canadá, entre 2000 y 2019, con seguimiento de hasta 22 años. La mayoría fueron partos vaginales espontáneos (80,9 %), seguidos por ventosa (9,2 %), fórceps (4,6 %), cesárea de segunda etapa (4,7 %) e instrumental secuencial (0,6 %).
Tras ajustar factores maternos, obstétricos e infantiles, se observó que los niños nacidos con instrumentos secuenciales (ventosa seguida de fórceps) presentaban un riesgo ligeramente mayor de TDAH respecto a los nacidos por cesárea de segunda etapa (HRa: 1,13; IC 95%: 1,00–1,28). Por otro lado, los nacidos con ventosa mostraron un 53 % más de riesgo de discapacidad intelectual frente a la cesárea de segunda etapa (HRa: 1,53; IC 95%: 1,12–2,10). El parto con fórceps de manera aislada no se asoció con un incremento significativo de estos riesgos, y las tasas de trastorno del espectro autista no variaron según el tipo de parto.
No obstante, las diferencias absolutas fueron pequeñas: la incidencia de TDAH fue de 7,9 por 1.000 personas-año en partos instrumentados secuenciales, frente a 6,6 por 1.000 en cesárea de segunda etapa; mientras que la discapacidad intelectual ocurrió en 0,3 por 1.000 personas-año tras parto con ventosa, frente a 0,2 por 1.000 en cesárea de segunda etapa.
La Dra. Edlow indicó que la elección entre ventosa o fórceps depende principalmente de la formación y comodidad del obstetra, y que ambos métodos son menos frecuentes en Estados Unidos, donde no se consideran estándar. A veces, el parto vaginal instrumentado puede ser más rápido que recurrir a la cesárea.
Desde principios de los 2000, el American College of Obstetricians and Gynecologists ha desaconsejado los partos instrumentados por el riesgo de hemorragia intracraneal (aproximadamente 1 de cada 650–850 nacimientos) y otras complicaciones neurológicas graves (1 de cada 220–385 bebés con fórceps o ventosa). Sin embargo, algunas de estas lesiones pueden deberse a la causa que motivó el parto instrumental, como sufrimiento fetal, y la cesárea no garantiza eliminar este riesgo.
En conclusión, los especialistas recomiendan priorizar la prevención de daños inmediatos al recién nacido, ya que la mayoría de los riesgos a largo plazo están vinculados a complicaciones durante el parto más que al método elegido. La Dra. Edlow enfatizó que, en ausencia de complicaciones graves, es difícil que el parto instrumentado afecte el desarrollo neurológico posterior del niño.
Los autores del estudio recibieron financiamiento del Swedish Research Council, y no se reportaron otros conflictos de interés económico relevantes. La Dra. Edlow tampoco presentó conflictos de interés.
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