¿Sigues tosiendo después de la gripe? No es el virus, es tu cuerpo sanando

La tos que persiste después de una gripe es una de las molestias más frecuentes tras superar una infección respiratoria.
Aunque muchas personas temen que se trate de una recaída o de una complicación, los especialistas señalan que, en la mayoría de los casos, el virus ya fue eliminado. Lo que permanece es una inflamación residual en las vías respiratorias —nariz, garganta y bronquios— que las vuelve más sensibles ante estímulos habituales.
Según un estudio difundido en el Canadian Medical Association Journal, la infección inicial activa una respuesta inflamatoria que incrementa la sensibilidad de los bronquios, eleva la producción de moco y reduce la capacidad del cuerpo para eliminar secreciones. Además, investigaciones publicadas en eBioMedicine, mediante resonancia magnética funcional, indican que la tos prolongada puede modificar la actividad del tronco encefálico. En otras palabras, el “centro de la tos” queda en un estado de hipersensibilidad y se activa con estímulos mínimos, como el aire frío o la risa, aun cuando la infección ya desapareció.
Tipos y causas de la tos persistente
La medicina clasifica la tos según el tiempo que dura. Se considera aguda si no supera las tres semanas; subaguda o postinfecciosa cuando se prolonga entre tres y ocho semanas; y crónica si rebasa los dos meses. La mayoría de los episodios posteriores a una gripe se ubican en la categoría subaguda y suelen resolverse por sí solos sin tratamientos agresivos.
Tres mecanismos fisiológicos suelen mantener este problema:
Goteo posnasal: tras la infección, la mucosa nasal continúa produciendo secreciones que bajan por la parte posterior de la garganta y la irritan de forma constante.
Hiperreactividad bronquial: las vías respiratorias reaccionan de manera exagerada, como si se tratara de un “asma transitoria”, ante el ejercicio o cambios bruscos de temperatura.
Reflujo gastroesofágico: el esfuerzo repetido de toser puede debilitar temporalmente el esfínter esofágico y permitir que el ácido suba hacia la faringe, perpetuando la irritación.
Cuidados en casa y signos de alarma
Para aliviar los síntomas, la Mayo Clinic aconseja mantenerse bien hidratado para fluidificar el moco y realizar lavados nasales con solución salina, siempre usando agua estéril o hervida. También conviene evitar humo de tabaco, aerosoles y otros irritantes que aumentan la sensibilidad bronquial.
No obstante, es fundamental acudir al médico si aparecen señales de alerta como sangre al toser, dificultad respiratoria importante, dolor torácico intenso, fiebre que reaparece o una tos que se prolonga más de ocho semanas. En estos casos, el profesional deberá descartar complicaciones como neumonía, asma persistente o infecciones bacterianas secundarias que requieran tratamiento específico.
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