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ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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El consumo regular y moderado de café con cafeína y de té podría contribuir a mantener la función cognitiva y disminuir el riesgo de demencia a largo plazo, de acuerdo con un amplio estudio prospectivo realizado en Estados Unidos y publicado en JAMA, una de las revistas médicas más reconocidas a nivel internacional.

La investigación fue encabezada por especialistas del Hospital General de Massachusetts, la Escuela de Salud Pública T. H. Chan de Harvard y el Instituto Broad del MIT y Harvard. En total, se analizaron datos de 131,821 personas que fueron seguidas durante varias décadas.

Seguimiento prolongado en grandes cohortes

Los participantes formaban parte de dos estudios de gran relevancia: el Nurses’ Health Study (iniciado en 1976 con personal de enfermería) y el Health Professionals Follow-up Study (comenzado en 1986 con profesionales de la salud varones). Ambos proyectos han sido fundamentales para estudiar cómo los hábitos de vida influyen en enfermedades crónicas.

Los resultados mostraron que consumir entre dos y tres tazas diarias de café con cafeína o entre una y dos tazas de té se relacionó con menor probabilidad de desarrollar demencia, un deterioro cognitivo más lento y mejor conservación de habilidades como la memoria y la atención, en comparación con quienes consumían poco o nada.

Durante el periodo de observación —que en algunos casos se extendió hasta 43 años— se documentaron 11,033 diagnósticos de demencia. Aquellos con mayor ingesta de café con cafeína presentaron hasta un 18% menos riesgo de padecer la enfermedad.

La importancia de la cafeína

Daniel Wang, autor principal del estudio, explicó que el café es una de las bebidas más consumidas en el mundo y que el objetivo era evaluar su posible papel como herramienta dietética preventiva frente a la demencia. La disponibilidad de información recopilada de manera sistemática durante décadas permitió un análisis más preciso de los efectos del consumo sostenido.

El estudio incluyó evaluaciones repetidas de la alimentación, reportes subjetivos de deterioro cognitivo, pruebas cognitivas objetivas y diagnósticos clínicos confirmados, lo que fortalece su rigor metodológico frente a investigaciones anteriores más breves.

Un hallazgo destacado fue que el café descafeinado no mostró beneficios similares, lo que sugiere que la cafeína sería un componente central en los efectos observados. El té, que también contiene cafeína y otros compuestos activos, mostró asociaciones comparables con menor deterioro cognitivo.

Posibles mecanismos biológicos

Desde el punto de vista biológico, la cafeína bloquea los receptores de adenosina en el cerebro, un mecanismo vinculado con menor neuroinflamación y mayor plasticidad sináptica. Estudios experimentales han sugerido que estos efectos podrían influir en procesos relacionados con la enfermedad de Alzheimer.

Además, tanto el café como el té aportan polifenoles con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, como los ácidos clorogénicos y las catequinas, que podrían ayudar a proteger las neuronas del estrés oxidativo asociado al envejecimiento.

Los beneficios fueron más notorios con niveles de consumo considerados moderados. Incluso una ingesta ligeramente mayor no mostró efectos adversos claros, aunque los investigadores aclaran que esto no implica recomendar un aumento indiscriminado de cafeína.

También se observó que los efectos protectores se mantenían independientemente del riesgo genético de demencia, lo que sugiere que el beneficio potencial podría aplicarse tanto a personas con alta como con baja predisposición hereditaria.

Alcances y limitaciones

Pese a la solidez del estudio, los autores advierten que se trata de una investigación observacional, por lo que no puede establecer una relación causa-efecto definitiva. Factores como el ejercicio, la calidad general de la dieta o el nivel socioeconómico podrían influir en los resultados, aunque se realizaron ajustes estadísticos para controlarlos.

Especialistas externos señalan que quienes consumen café o té con regularidad suelen mantener otros hábitos saludables, lo que dificulta atribuir los beneficios exclusivamente a estas bebidas.

La relevancia del estudio cobra mayor importancia ante el aumento global de la demencia. La Organización Mundial de la Salud estima que más de 55 millones de personas viven con esta condición y que cada año se suman cerca de 10 millones de nuevos casos.

 

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