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Qué son los microdescansos y cómo usarlos para reducir el estrés en el día a día

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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En la vida cotidiana actual, el ritmo acelerado y la acumulación constante de responsabilidades se volvieron habituales.

La cultura del multitasking y la exigencia permanente de productividad transforman tanto el trabajo como la vida personal en una cadena continua de obligaciones, donde hacer una pausa suele interpretarse como ineficiencia. Mantenerse siempre ocupado y disponible se considera una cualidad positiva, mientras que detenerse unos minutos puede percibirse como un privilegio o incluso una muestra de fragilidad.

No obstante, este modo de funcionamiento sostenido tiene consecuencias importantes para la salud física y mental. Ante esta realidad, especialistas destacan el valor de los microdescansos como una herramienta sencilla pero eficaz para manejar el estrés y cuidar el equilibrio psicológico.

Qué son los microdescansos

Los microdescansos consisten en pausas breves e intencionales, de entre uno y cinco minutos, realizadas varias veces al día. No implican dormir ni desconectarse durante largos periodos, sino interrumpir momentáneamente la exigencia mental o física para permitir que el sistema nervioso se recupere.

El doctor en Psicología Flavio Calvo los define como interrupciones conscientes dentro de la jornada en las que se deja de demandar rendimiento al cuerpo y al cerebro. Por su parte, la psicóloga especializada en psicoterapia orientada en mindfulness Mariam Holmes señala que no representan una pérdida de tiempo, sino pequeños espacios de autorregulación que impiden que la tensión se acumule hasta desbordarse.

Su efecto sobre el estrés y el cortisol

El estrés no depende únicamente de factores externos, sino del tiempo que el organismo permanece en estado de alerta sin momentos de recuperación. Trabajar durante horas sin pausas mantiene al sistema nervioso en una activación constante, con músculos tensos y respiración superficial.

Cuando la persona respira lenta y profundamente, relaja el cuerpo o dirige su atención al presente, se activa el sistema nervioso parasimpático. Esto favorece la disminución gradual de hormonas vinculadas al estrés, como el cortisol. No se trata de eliminar el estrés —que es parte natural de la vida—, sino de evitar que se vuelva crónico.

Los microdescansos ayudan a reducir la activación sostenida, previenen picos prolongados de cortisol y permiten recuperar energía mental sin necesidad de interrupciones extensas.

Beneficios psicológicos y físicos

Diversos especialistas coinciden en que estas pausas cortas previenen el agotamiento, disminuyen la irritabilidad y mejoran la concentración y la toma de decisiones. El cerebro no está diseñado para mantener altos niveles de enfoque durante horas continuas. Cuando se omiten los descansos, aparece la llamada “niebla mental”, que dificulta pensar con claridad y aumenta la frustración.

Según Holmes, los microdescansos cumplen tres funciones clave: restauran la atención, regulan las emociones y evitan la acumulación de tensión interna. Además, permiten habitar el día con mayor conciencia. Desde el punto de vista fisiológico, también contribuyen al equilibrio neuroendocrino y pueden amortiguar la sobrecarga hormonal asociada al estrés crónico, reduciendo incluso la inflamación vinculada a este.

Señales de que es momento de hacer una pausa

El cuerpo suele dar señales antes que la mente. Tensión en cuello, hombros o mandíbula, respiración superficial, sensación constante de apuro, irritabilidad o dificultad para concentrarse son indicios claros de que se necesita un microdescanso.

Los especialistas recomiendan no esperar al agotamiento extremo. Implementar pausas preventivas cada 60 o 90 minutos, incluso si no se percibe cansancio evidente, resulta más efectivo. Aprender a reconocer estas señales forma parte de una mayor conciencia corporal y emocional.

Cómo incorporarlos a la rutina

Para que los microdescansos sean efectivos, es fundamental integrarlos de manera constante en la vida diaria. Algunas estrategias útiles incluyen:

Asociarlos a actividades habituales, como después de una reunión o antes de responder un correo.

Programar alarmas o recordatorios que indiquen cuándo detenerse.

Priorizar acciones simples y conscientes: respiraciones profundas, estiramientos suaves, caminar unos minutos sin el celular, observar el entorno o beber agua con atención plena.

Evitar el uso de redes sociales o pantallas durante la pausa, ya que mantienen al cerebro en estado de alerta.

Empezar con pausas muy breves y sostener la frecuencia, ya que varias interrupciones cortas a lo largo del día son más beneficiosas que un único descanso prolongado.

Entenderlos como una práctica de autocuidado preventivo y no como una pérdida de tiempo.

Incorporar microdescansos de forma regular favorece la recuperación mental, mejora la regulación emocional y ayuda a equilibrar las demandas diarias con el bienestar personal.

 

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