Qué secuelas emocionales deja un infarto y cómo afectan la recuperación

Superar un infarto de miocardio no se limita a la recuperación física. Para muchos pacientes, comienza después una etapa compleja marcada por el impacto emocional y psicológico que deja el evento.
De acuerdo con una declaración científica de la American Heart Association, hasta el 50% de los sobrevivientes de un infarto experimenta algún tipo de alteración emocional, como depresión, ansiedad, estrés o trastorno de estrés postraumático (TEPT). Estas condiciones pueden influir en la evolución clínica, la calidad de vida y el pronóstico a largo plazo.
Además, un estudio reciente realizado en Alemania evidenció que numerosos pacientes no reciben el acompañamiento psicológico necesario durante la hospitalización, pese a presentar altos niveles de malestar emocional tras el episodio cardíaco.
Secuelas emocionales: frecuencia y síntomas
Harvard Health Publishing señala que hasta la mitad de quienes han sufrido un infarto desarrollan trastornos emocionales como depresión, ansiedad, estrés psicosocial o TEPT. Estas consecuencias afectan tanto al paciente como a su entorno familiar y pueden dificultar el proceso de rehabilitación.
Entre los signos característicos de la depresión se encuentran la tristeza persistente, la pérdida de interés por actividades habituales, el cansancio, los trastornos del sueño y los problemas de concentración. La ansiedad, por su parte, puede manifestarse como preocupación constante, crisis de pánico y síntomas físicos como palpitaciones.
El concepto de “ansiedad cardíaca” describe el temor permanente a sufrir un nuevo infarto y la vigilancia excesiva de cualquier sensación corporal relacionada con el corazón. El estrés psicosocial surge ante la presión de retomar responsabilidades cotidianas, mientras que el TEPT —que afecta entre el 4% y el 21% de los pacientes— puede incluir pesadillas, sobresaltos frecuentes y dificultades para desenvolverse con normalidad.
Factores de riesgo y repercusiones
La forma en que se expresan estos síntomas varía: algunas personas muestran apatía o desánimo, mientras que otras presentan irritabilidad o enojo, algo que suele observarse con mayor frecuencia en hombres.
El doctor Jeffrey Huffman, de la Facultad de Medicina de Harvard, explica que estos estados emocionales se intensifican por la preocupación sobre la propia salud y la adaptación a nuevas limitaciones o exigencias diarias.
Entre los factores asociados a mayor riesgo se encuentran la edad joven, el sexo femenino, la falta de pareja, antecedentes de trastornos mentales y la percepción de haber enfrentado una amenaza vital durante el infarto.
El impacto emocional no es menor: puede interferir con la adherencia al tratamiento, el cumplimiento de la medicación y la adopción de hábitos saludables, lo que incrementa el riesgo de nuevos eventos cardiovasculares.
La conexión entre el cerebro y el corazón es estrecha. Episodios intensos de depresión, ansiedad o estrés pueden provocar respuestas biológicas adversas, como inflamación, elevación de la presión arterial, aumento de la frecuencia cardíaca y mayor tendencia a la formación de coágulos. Además, la motivación para mantener cambios en el estilo de vida suele disminuir.
Rehabilitación y apoyo integral
El entorno familiar desempeña un papel clave en la detección de señales de alarma, como tristeza prolongada, miedo excesivo o resistencia a retomar actividades habituales. En estos casos, se recomienda conversar con empatía y facilitar el contacto con el equipo médico si el malestar emocional interfiere con la recuperación.
La rehabilitación cardíaca constituye una estrategia integral que combina ejercicio supervisado, educación en salud cardiovascular y evaluación psicológica dentro de un enfoque multidisciplinario. Este modelo permite identificar de forma temprana síntomas de depresión, ansiedad o TEPT, y ofrecer intervenciones como terapia individual, grupal o familiar.
Incorporar profesionales de salud mental a los equipos de rehabilitación y fomentar el intercambio de experiencias entre pacientes favorece la adaptación emocional, mejora la adherencia terapéutica y fortalece la confianza para retomar la vida cotidiana.
ENFERMEDADES: Células madre para la caída del cabello: qué dice la ciencia sobre su efectividad
Los tratamientos con células madre para tratar la pérdida de cabello se han convertido en una de las opciones más demandadas por quienes buscan detener la calvicie. Este interés ha crecido impulsado por la amplia promoción en redes sociales y por el avance de la medicina -- leer más
Noticias del tema