¿Qué pasa con la salud de tu hijo si te dio COVID-19 durante el embarazo?

Durante buena parte de la pandemia por SARS-CoV-2, predominó una idea tranquilizadora respecto al embarazo: los recién nacidos rara vez resultaban positivos a COVID-19 y la transmisión directa de la madre al feto parecía poco frecuente. Ese mensaje influyó tanto en las recomendaciones médicas como en la percepción pública del riesgo.
Sin embargo, esa visión era parcial. Los primeros estudios se basaban principalmente en pruebas PCR con hisopado nasal aplicadas al nacer, las cuales solo detectaban infecciones activas, pero no permitían identificar posibles afectaciones ocurridas dentro del útero.
Con el avance de la pandemia —especialmente durante las olas impulsadas por las variantes alfa, delta y ómicron— comenzaron a surgir señales de alerta. Más mujeres embarazadas presentaron cuadros graves, aumentaron los casos de muerte fetal y especialistas empezaron a describir alteraciones inusuales en la placenta, además de respuestas inmunológicas atípicas en recién nacidos.
¿Qué efectos puede causar el COVID-19 en bebés expuestos durante la gestación?
Cuando los investigadores recurrieron a métodos más sensibles que el simple hisopado nasal, creció la evidencia de que numerosos bebés habían estado expuestos al virus antes de nacer. Los estudios relacionan esa exposición con cambios en la función placentaria y, en algunos casos, con un mayor riesgo de trastornos del neurodesarrollo.
Aunque el riesgo absoluto parece bajo y la mayoría de los niños expuestos evoluciona con normalidad, los hallazgos resaltan la importancia de la vacunación y del seguimiento a largo plazo. En Estados Unidos nacieron alrededor de 3.4 millones de bebés en los primeros cuatro años de la pandemia, incluidos más de 160 mil con exposición intrauterina confirmada al SARS-CoV-2.
Nickie Andescavage, del Developing Brain Institute del Children’s National Hospital, advierte que el conocimiento médico actual apenas comienza a dimensionar el fenómeno.
En 2020, investigadores del NewYork-Presbyterian y de Weill Cornell Medicine estudiaron a bebés prematuros cuyas madres habían tenido COVID-19. Aunque las pruebas nasales eran negativas, se encontró material viral en las heces, lo que sugería exposición intrauterina, incluso en el tracto gastrointestinal.
Por su parte, la viróloga Jolin Foo, de la Cleveland Clinic, examinó placenta, líquido amniótico y sangre fetal. Detectó material genético del virus en casi una cuarta parte de las muestras del lado fetal de la placenta, lo que indica que, en ocasiones, el virus puede atravesarla.
Un hallazgo clave: la proteína ORF8
Uno de los descubrimientos más relevantes fue la presencia de la proteína viral ORF8 en más del 60 % de las muestras del lado fetal, especialmente en el líquido amniótico. Aunque esta proteína no se replica por sí sola, puede permanecer durante meses tras la infección materna y desencadenar respuestas inflamatorias prolongadas que alteren la señalización placentaria y el desarrollo temprano de órganos.
Zhiyun Wei y su equipo de la Universidad de Fudan analizaron más de 500 muestras de tejidos fetales en casos de interrupción del embarazo durante el segundo trimestre en madres infectadas. Encontraron que el SARS-CoV-2 puede cruzar la placenta de manera irregular y en niveles muy bajos. El material viral se detectó con mayor frecuencia en el sistema digestivo, la tiroides y el timo. La tiroides resulta especialmente relevante por su papel en el desarrollo cerebral.
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