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Qué es la depresión estacional: el trastorno que afecta el ánimo en los meses fríos

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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Con la llegada del otoño y la reducción de las horas de luz solar, muchas personas notan una disminución importante en su energía y estado de ánimo. La llamada depresión estacional, reconocida por la Clínica Cleveland, surge cuando los cambios de estación alteran el equilibrio emocional, provocando síntomas que van desde cansancio constante hasta aislamiento social.

Más que una tristeza pasajera, se trata de un trastorno que puede afectar la vida diaria y que requiere atención profesional y medidas concretas para su manejo. También conocido como trastorno afectivo estacional, suele aparecer en otoño e invierno y se relaciona con la menor exposición a la luz natural y los cambios en la rutina.

Entre sus manifestaciones más frecuentes se encuentran la tristeza persistente, apatía, dificultad para concentrarse, somnolencia, fatiga y la pérdida de interés en actividades que antes resultaban placenteras.

Además, pueden presentarse cambios en el apetito, antojos de carbohidratos y una sensación marcada de soledad. Detectar estas señales a tiempo y buscar apoyo profesional es clave para evitar que el problema afecte de manera importante la calidad de vida.

Factores que favorecen su aparición

Especialistas coinciden en que la disminución de la luz solar durante otoño e invierno es uno de los principales desencadenantes biológicos.

El doctor Adam Borland, psicólogo clínico de la Clínica Cleveland, explica que los días más cortos reducen la exposición a la luz natural, lo que impacta directamente en los niveles de serotonina, neurotransmisor fundamental para la regulación del estado de ánimo.

A esto se suma la alteración del ritmo circadiano, es decir, del reloj biológico interno. Menos luz durante el día puede aumentar la producción de melatonina, hormona vinculada con el sueño, generando más cansancio, somnolencia y dificultad para mantener la energía habitual.

También influyen factores sociales y ambientales. En temporadas frías, pasar más tiempo en interiores y reducir las actividades al aire libre favorece el sedentarismo y limita el contacto interpersonal, aumentando la sensación de aislamiento.

El riesgo suele ser mayor en personas con antecedentes de depresión, quienes viven en lugares con inviernos largos y oscuros o atraviesan periodos de estrés y dificultades personales.

Estrategias útiles para afrontarla

La evidencia respalda varias medidas eficaces para disminuir el impacto de la depresión estacional.

Mantener una rutina estructurada: establecer horarios regulares para dormir, comer y realizar actividades ayuda a sostener la estabilidad emocional. Aprovechar la luz natural: salir al exterior en las horas de mayor luminosidad, incluso si está nublado, favorece la regulación del reloj biológico. Realizar actividad física: caminar, hacer ejercicio suave o mantenerse activo estimula la liberación de endorfinas y mejora el ánimo. Cuidar la alimentación y el descanso: una dieta equilibrada y un sueño reparador potencian el bienestar físico y mental. Fortalecer el contacto social: convivir con familiares, amigos o participar en actividades grupales ayuda a prevenir el aislamiento.

En regiones con poca luz solar, la fototerapia indicada por un profesional puede ser una herramienta muy útil.

Cuándo buscar ayuda profesional

Si la tristeza, el cansancio, la apatía o el aislamiento comienzan a interferir con el trabajo, el estudio o las relaciones personales, es importante acudir con un especialista en salud mental.

El tratamiento puede incluir psicoterapia, especialmente terapia cognitivo-conductual, fototerapia con luz artificial específica y, en algunos casos, medicamentos para regular neurotransmisores y estabilizar el ritmo biológico.

Buscar apoyo a tiempo no solo ayuda a controlar los síntomas actuales, sino que también brinda herramientas para enfrentar mejor los cambios de estación en el futuro y reducir el riesgo de recaídas.

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