¿Qué es la acrilamida? El riesgo oculto en tus papas fritas y pan tostado

El sueño en la adolescencia no es un privilegio ni una muestra de flojera, sino una exigencia biológica fundamental para el correcto desarrollo del cerebro.
Estudios recientes en neurociencia han demostrado que los jóvenes de entre 13 y 18 años necesitan dormir obligatoriamente entre ocho y diez horas cada noche para lograr un rendimiento cognitivo adecuado y un equilibrio emocional estable.
Esta necesidad se debe a modificaciones fisiológicas profundas, en especial a un proceso conocido como retraso de la fase del sueño, un cambio natural del reloj biológico que ocurre durante la pubertad y que desplaza la hora de conciliar el descanso hacia momentos más tardíos.
El origen biológico del insomnio adolescente
Desde una perspectiva científica, el cerebro adolescente comienza a producir melatonina —la hormona responsable de inducir el sueño— aproximadamente dos horas más tarde que el de los niños o adultos.
Esto implica que el cuerpo de un joven no está preparado para dormir antes de las 11 de la noche o incluso hasta pasada la medianoche. Cuando el sistema escolar obliga a despertar a los estudiantes a las 6 de la mañana, se genera una privación de sueño constante. Biológicamente, despertar a un adolescente a esa hora equivale a sacar de la cama a un adulto a las 4 de la madrugada, lo que mantiene al organismo en un estado continuo de cansancio que afecta la toma de decisiones y la atención.
Maduración cerebral y poda sináptica
Durante el sueño profundo, el cerebro adolescente desarrolla procesos esenciales de reorganización neuronal.
En ese periodo ocurre la poda sináptica, un mecanismo mediante el cual el cerebro elimina conexiones innecesarias y refuerza aquellas que son clave para el pensamiento racional y el autocontrol.
La falta de descanso interfiere con esta reestructuración del córtex prefrontal, lo que explica por qué los adolescentes que duermen poco tienden a ser más impulsivos, irritables y presentan mayores dificultades para concentrarse en el entorno escolar.
Impacto en la salud mental y física
Las consecuencias de desatender estas necesidades biológicas pueden ser graves. La evidencia científica ha vinculado la privación de sueño con un aumento notable de la ansiedad y la depresión en la población juvenil.
Cuando no se alcanzan adecuadamente las fases de sueño REM, el cerebro no logra procesar de forma eficiente las experiencias emocionales del día. Además, a nivel corporal, la falta de descanso altera hormonas que regulan el apetito, como la leptina y la ghrelina, incrementando de manera significativa el riesgo de obesidad y diabetes tipo 2 en jóvenes.
Hacia una cultura del buen dormir
Para revertir esta problemática, los especialistas recomiendan establecer una higiene del sueño estricta, que incluya evitar el uso de pantallas al menos una hora antes de acostarse.
La luz azul emitida por dispositivos electrónicos bloquea la producción de melatonina, agravando el retraso natural del ritmo circadiano. Asimismo, cada vez más expertos en salud pública proponen retrasar el inicio de la jornada escolar, una medida que ha demostrado mejorar el rendimiento académico, reducir los índices de depresión y disminuir los accidentes de tránsito entre conductores jóvenes en distintas regiones del mundo. En última instancia, el sueño es el pilar sobre el que se construye una vida adulta saludable.
ENFERMEDADES: Aumenta la sed de los mosquitos por la sangre humana
A medida que la actividad humana desplaza a la fauna de sus entornos naturales, algunos mosquitos que antes se alimentaban de una amplia gama de animales estarían recurriendo cada vez más a los humanos como fuente de sangre. Así lo señala un estudio reciente del Instituto -- leer más
Noticias del tema