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Presión arterial: Lecturas que alertan sobre riesgo de infarto

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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La presión arterial alta constituye uno de los principales factores de riesgo para infartos y otras enfermedades cardiovasculares severas.

Reconocer los valores peligrosos, identificar señales de alarma y aplicar estrategias preventivas resulta fundamental para cuidar la salud del corazón. A continuación, se presentan nueve aspectos clave para interpretar adecuadamente la presión arterial y disminuir la probabilidad de eventos cardíacos.

1. Entender qué es la presión arterial La presión arterial representa la fuerza con la que la sangre fluye a través de las arterias. Se expresa en milímetros de mercurio (mmHg) mediante dos cifras: la sistólica y la diastólica. La primera corresponde a la presión cuando el corazón se contrae, y la segunda a la presión cuando el corazón se encuentra en reposo.

Conocer estos parámetros es esencial, ya que la hipertensión suele no causar síntomas evidentes, pero el daño progresivo sobre el sistema cardiovascular incrementa el riesgo de infarto. La medición periódica permite detectar alteraciones de manera oportuna.

2. Rangos normales y niveles de alerta Se considera adecuada una presión inferior a 120/80 mmHg. Los valores entre 120-129/<80 mmHg indican presión elevada; la hipertensión etapa 1 corresponde a 130-139/80-89 mmHg y la etapa 2 a cifras iguales o superiores a 140/90 mmHg.

Una lectura mayor de 180/120 mmHg constituye una emergencia hipertensiva que requiere atención inmediata, debido al alto riesgo de infarto, accidente cerebrovascular o insuficiencia cardíaca.

3. Señales de advertencia tempranas Aunque muchas personas no presentan síntomas, algunos signos pueden advertir un problema cardiovascular inminente, como dolor intenso en el pecho, dificultad respiratoria, mareo, palpitaciones o visión borrosa.

Buscar atención médica inmediata ante estos síntomas puede ser determinante para evitar consecuencias graves. La rapidez en la intervención mejora significativamente el pronóstico.

4. Factores que aumentan el riesgo La probabilidad de infarto se incrementa cuando la hipertensión se asocia con sobrepeso, inactividad física, alto consumo de sal, diabetes o antecedentes familiares de enfermedad cardíaca.

Asimismo, el tabaquismo, el estrés persistente y el colesterol elevado elevan el riesgo de complicaciones. Identificar estos factores facilita un abordaje preventivo más completo.

5. Relevancia del monitoreo en casa Tomar la presión arterial en el hogar permite observar fluctuaciones diarias, valorar la respuesta al tratamiento y detectar aumentos peligrosos que podrían no evidenciarse en consultas ocasionales.

Llevar un registro y compartirlo con el profesional de salud contribuye a ajustar medicamentos y hábitos, reduciendo el riesgo cardiovascular.

6. Alimentación y regulación de la presión Mantener una dieta equilibrada, baja en sodio y rica en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales ayuda a conservar la presión en niveles saludables.

Reducir el consumo de productos ultraprocesados, grasas saturadas y azúcares refinados también disminuye el riesgo de picos hipertensivos y favorece la salud metabólica.

7. Actividad física y estilo de vida El ejercicio regular mejora la circulación, la sensibilidad a la insulina y el control de la presión arterial. Actividades como caminar, nadar o andar en bicicleta durante al menos 30 minutos al día pueden reducir de forma significativa el riesgo de eventos cardíacos.

Abandonar el tabaco, moderar el consumo de alcohol y aplicar técnicas para manejar el estrés potencian estos beneficios.

8. Tratamiento farmacológico y control médico Seguir de manera constante el tratamiento antihipertensivo es clave para mantener cifras adecuadas y prevenir complicaciones graves.

Las revisiones periódicas permiten ajustar dosis o combinar medicamentos según las necesidades individuales, garantizando un manejo integral.

9. Prevención como estrategia global La prevención efectiva integra el monitoreo regular, hábitos saludables y adherencia terapéutica. Detectar valores elevados a tiempo puede marcar la diferencia en la reducción del riesgo de infarto.

El autocuidado incluye educación sobre síntomas de alarma, manejo del estrés y comunicación continua con el equipo de salud, fortaleciendo así una estrategia completa de protección cardiovascular.

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