Por qué los hábitos de griegos y romanos aún son tendencia

Desde la Antigua Grecia y Roma, muchos de los principios que hoy sustentan la medicina preventiva ya eran valorados. Filósofos y médicos de esa época promovían la moderación, la adaptación individual de la dieta, la actividad física regular y el cuidado de las emociones, estableciendo así las bases de las prácticas de salud modernas.
Los consejos de salud de entonces se centraban en controlar el entorno, personalizar la alimentación, equilibrar el ejercicio y el descanso, y gestionar adecuadamente las emociones. Hoy, la ciencia reconoce que factores como el ambiente, la dieta, la actividad física, el sueño, las excreciones y el estado anímico son fundamentales para prevenir enfermedades y fomentar la longevidad.
Según HistoryExtra, los sistemas médicos antiguos se organizaban alrededor de los llamados “seis factores no naturales”: aire puro, alimentos y bebidas, ejercicio y reposo, sueño, excreción y retención de líquidos, y emociones. La historiadora Sasha Handley señala que la moderación en estos aspectos era clave para mantener la salud a largo plazo, anticipando los enfoques actuales basados en la prevención y el autocuidado.
La dieta en la antigüedad y su relevancia actual
La alimentación constituía la base de la prevención y el tratamiento según los médicos antiguos. National Geographic indica que Galeno, Hipócrates y Celso prescribían dietas ajustadas al tipo de cuerpo y a las estaciones, siguiendo la teoría de los humores (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra). Los alimentos se clasificaban según sus cualidades —fríos, calientes, húmedos o secos— para equilibrar al paciente.
Celso enfatizaba la importancia de conocer la naturaleza propia del cuerpo y personalizar la dieta, evitando cambios bruscos. Por ejemplo, se consumían platos ligeros en verano y más pesados en invierno, adaptando la alimentación al clima y la actividad diaria. La dieta mediterránea clásica —rica en cereales, vegetales y pescado— variaba según estatus social y necesidades individuales. Plutarco y los estoicos valoraban la simplicidad de las lentejas, mientras que Dioscórides las consideraba poco saludables en exceso; Catón el Viejo apreciaba el repollo, mientras que Galeno prefería la lechuga para regular el calor corporal.
La profesora Claire Bubb de la Universidad de Nueva York subraya que la dieta debe ajustarse al individuo, un principio que la nutrición científica actual también respalda. Prácticas antiguas como el ayuno o el consumo de grasas saludables tienen hoy equivalentes reconocidos por la ciencia.
Ejercicio, descanso y hábitos diarios
El ejercicio era fundamental para tratar dolencias y prolongar la juventud. Según la Universidad de Melbourne, Gorgias de Leontini, quien vivió más de 100 años, atribuía su longevidad a la moderación. Plinio el Joven relató que Spurinna, senador romano, combinaba paseos largos, juegos de pelota y lectura, manteniendo vitalidad después de los 70 años. Celso recomendaba alternar trabajo, descanso y ocio: la inactividad debilitaba, mientras que el ejercicio fortalecía y prolongaba la juventud.
Galeno advertía que los excesos y la falta de hábitos saludables generaban enfermedades. Hoy, la Organización Mundial de la Salud (OMS) también enfatiza la actividad física diaria y la estructuración de hábitos para prevenir enfermedades crónicas.
Emociones y bienestar mental
El control de las emociones era considerado esencial para evitar desequilibrios físicos. Excesos como la ira o la tristeza se relacionaban con alteraciones en los humores y aparición de enfermedades. La medicina, la ética y la filosofía se integraban, reconociendo la influencia de la mente sobre el cuerpo.
Actualmente, la relación entre salud mental y bienestar físico está ampliamente reconocida. La gestión emocional es tan relevante como la dieta o el ejercicio para mantener la salud a largo plazo.
El legado de la antigüedad persiste: alcanzar una vida plena depende tanto de los hábitos diarios como de la determinación personal para cuidar cuerpo y mente, como recordaba Séneca: querer estar sano es parte de la propia salud, un principio vigente y universal.
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