Por qué el litio podría cambiar la forma en que se trata el Alzheimer

El hallazgo reciente del equipo liderado por Bruce Yankner en la Universidad de Harvard, que explora el rol del litio en la prevención e incluso posible reversión del Alzheimer, despertó gran interés en una comunidad que supera los 50 millones de personas afectadas en todo el mundo.
El estudio, publicado en Nature, señala por primera vez que el litio no solo está presente de manera natural en el cerebro, sino que cumple una función protectora frente a la neurodegeneración y contribuye al funcionamiento adecuado de los principales tipos de neuronas. Así lo detallaron los investigadores en un comunicado difundido por Harvard.
Los resultados sugieren que este elemento, considerado hasta ahora principalmente como un fármaco psiquiátrico, podría desempeñar un papel biológico esencial en la salud cerebral. Además, cuando se administra mediante una formulación innovadora, como el litio orotato, podría no solo preservar la función neuronal, sino también revertir procesos degenerativos, lo que abre una posible vía terapéutica para una enfermedad que hoy carece de cura.
El impacto del trabajo fue inmediato. Según la Harvard Gazette, Yankner —profesor de genética y neurología en la Escuela de Medicina de Harvard y codirector del Paul F. Glenn Center for the Biology of Aging— recibió una avalancha de mensajes de pacientes y familiares que buscan orientación. “Intento responder a todos y ofrecer esperanza”, expresó.
En modelos experimentales con ratones, el litio orotato no solo protegió frente a la patología del Alzheimer, sino que logró revertir déficits de memoria. A partir de estos resultados, científicos del Massachusetts General Hospital y del Brigham and Women’s Hospital preparan un ensayo clínico que comenzará en primavera para evaluar su eficacia y seguridad en humanos. “Esperamos contar pronto con datos objetivos”, afirmó Yankner.
El neurólogo Alejandro Andersson, director médico del Instituto de Neurología Buenos Aires (INBA), destacó la solidez experimental del estudio y su carácter innovador. Según explicó, el litio deja de verse únicamente como un tratamiento psiquiátrico para considerarse un micronutriente cerebral con funciones propias, clave para la resistencia del cerebro al envejecimiento.
Uno de los hallazgos centrales es que, en etapas tempranas del Alzheimer, los niveles de litio en el cerebro disminuyen, en parte porque quedan atrapados por las placas beta-amiloides. Esa reducción desencadena procesos que replican mecanismos conocidos de la enfermedad, como inflamación, alteraciones sinápticas, daño en la mielina, activación microglial y deterioro de la memoria. En animales, restaurar niveles fisiológicos de litio mediante compuestos que evitan su unión a la amiloide no solo frenó la progresión, sino que revirtió la patología incluso en fases avanzadas, algo que las terapias antiamiloide actuales no han demostrado con claridad.
No obstante, Andersson remarcó la necesidad de prudencia: los resultados son prometedores en modelos animales, pero aún deben confirmarse en ensayos clínicos rigurosos en personas, especialmente en adultos mayores.
El Alzheimer, responsable de entre el 60% y el 70% de los casos de demencia según la Organización Mundial de la Salud, se asocia con acumulación de proteínas anómalas y pérdida de conexiones neuronales. Sin embargo, no todos los individuos con placas amiloides desarrollan síntomas, lo que sugiere que existen otros factores moduladores. La identificación del litio como elemento endógeno cuya disminución ocurre en etapas tempranas podría ayudar a explicar por qué algunas personas mantienen su función cognitiva pese a la presencia de placas.
Los experimentos mostraron que la carencia de litio en el cerebro de ratones acelera la enfermedad y precipita la pérdida de memoria. También evidenciaron que la proteína amiloide se une al litio y reduce su disponibilidad, alterando el funcionamiento neuronal normal.
Este avance es el resultado de una década de investigación, financiada por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y fundaciones privadas. El trabajo incluyó el desarrollo de técnicas para detectar cantidades mínimas de litio en el organismo, la creación de nuevos modelos animales y el diseño de variantes del metal que evitaran su interacción perjudicial con las placas.
Frente a la expectativa creciente, Yankner insiste en no apresurarse a utilizar suplementos sin respaldo clínico. Recuerda que los ensayos requieren tiempo y que cualquier decisión debe tomarse bajo supervisión médica. “La investigación científica rigurosa es un maratón, no una carrera corta”, reflexionó.
Mientras se aguardan los resultados de los estudios en humanos, el litio orotato se perfila como una línea de investigación prometedora que podría aportar una nueva perspectiva en la lucha contra una de las enfermedades neurodegenerativas más devastadoras.
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