Por qué el diagnóstico de la esquizofrenia podría cambiar

La esquizofrenia es un trastorno psiquiátrico que altera la manera en que una persona piensa, siente y actúa. Quienes la padecen pueden experimentar una desconexión con la realidad, situación que suele generar sufrimiento tanto en ellos como en su entorno cercano, según el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH).
Generalmente, el diagnóstico se realiza entre los 16 y los 30 años, tras la aparición de un primer episodio psicótico. El NIMH subraya que iniciar el tratamiento lo antes posible después de ese primer episodio es fundamental para favorecer la recuperación.
Entre los síntomas más característicos se encuentran las alucinaciones, los delirios —creencias falsas o irracionales sobre uno mismo o el entorno— y dificultades cognitivas como problemas de memoria, atención y aprendizaje.
En este contexto, la identificación precisa de los patrones neurocognitivos asociados a la esquizofrenia podría modificar de manera significativa su diagnóstico y tratamiento, permitiendo intervenciones más personalizadas y simples. Un estudio reciente publicado en Nature Mental Health propone un enfoque innovador: mediante pruebas neurocognitivas combinadas con técnicas de aprendizaje automático, es posible diferenciar con alta precisión a personas con esquizofrenia.
La investigación, desarrollada por científicos de la Universidad de Washington, la Universidad de California en San Diego y el VA San Diego Healthcare System, reveló que evaluar solo dos áreas cognitivas —el aprendizaje verbal y la identificación de emociones— puede ser suficiente para clasificar correctamente a los pacientes.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores entrenaron un modelo computacional con información de 559 personas diagnosticadas con esquizofrenia o trastorno esquizoafectivo —que combina síntomas psicóticos con alteraciones del estado de ánimo como depresión o bipolaridad— y 745 individuos sin trastornos psiquiátricos. Todos los participantes realizaron 15 pruebas estandarizadas de funciones cognitivas, lo que permitió al modelo reconocer patrones asociados a cada diagnóstico.
Según los autores, el sistema logró distinguir con precisión a los pacientes y sus resultados se replicaron en un grupo independiente. Además, comprobaron que al utilizar únicamente las variables de aprendizaje verbal e identificación emocional, el nivel de exactitud era similar al obtenido con la batería completa de evaluaciones.
Los investigadores concluyen que estas dos capacidades cognitivas desempeñan un papel clave en la predicción de la esquizofrenia. Este hallazgo respalda una estrategia de evaluación más eficiente, basada en el principio de “menos es más”, que podría facilitar herramientas diagnósticas más ágiles y el diseño de intervenciones adaptadas a cada caso.
A futuro, esta línea de trabajo podría contribuir a identificar con mayor claridad los rasgos cognitivos y neuronales más relevantes no solo en la esquizofrenia, sino también en otros trastornos psiquiátricos.
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