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Padres en EU más relajados respecto a que sus hijos usen palabrotas, según una encuesta

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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Hoy en día, muchos padres estadounidenses tienden a restarle importancia a que sus hijos digan groserías, algo que recordó el episodio protagonizado la semana pasada por el presidente Donald Trump en una planta de Ford en Michigan, cuando respondió con una palabrota a las burlas de un trabajador.

De acuerdo con nuevos datos de la Encues

ta Nacional sobre la Salud Infantil del Hospital Infantil C.S. Mott, menos de la mitad de los padres (47%) considera que nunca es aceptable que un niño diga malas palabras.

Los resultados muestran que, en general, los padres se están volviendo más tolerantes con el lenguaje inapropiado en los niños, señalaron los investigadores.

“Los padres se mueven en una zona gris cuando se trata del lenguaje”, explicó Sarah Clark, codirectora de la encuesta de Mott, en un comunicado. “A muchos no les agrada escuchar estas palabras, pero también reconocen que el contexto, la edad y la intención son factores importantes”.

Alrededor del 35% de los padres opinó que el uso de groserías puede ser aceptable dependiendo de la situación; el 12% cree que depende de la palabra utilizada, y un 6% considera que no es algo grave, según la encuesta.

Los padres de adolescentes fueron más propensos a decir que todo depende del contexto, mientras que los padres de niños pequeños y preadolescentes tendieron a afirmar que nunca es apropiado.

Durante un enfrentamiento ocurrido el 13 de enero, Trump hizo un gesto despectivo y pronunció la palabra con “f” dirigida a un trabajador automotriz de Dearborn que aparentemente gritó “protector de pedófilos”.

Posteriormente, la Casa Blanca defendió la reacción del mandatario calificándola como “adecuada”.

“Un individuo alterado estaba gritando groserías de forma descontrolada, y el presidente respondió de manera clara y apropiada”, señaló en un comunicado Steven Cheung, director de Comunicaciones de la Casa Blanca.

En la práctica, las respuestas de los padres indican que cerca de una cuarta parte de los niños (24%) dice groserías de manera ocasional o frecuente. Otro 32% de los padres afirmó que sus hijos rara vez las usan, mientras que el 44% aseguró que nunca lo hacen.

¿A qué se debe que los niños digan malas palabras? Aproximadamente uno de cada tres padres considera que lo hacen para encajar socialmente, sobre todo en la adolescencia.

En el caso de los niños más pequeños, los padres suelen atribuirlo a intentos por llamar la atención o resultar graciosos.

“Las groserías pueden funcionar como una especie de moneda social entre los niños”, explicó Clark. “Para algunos se trata de pertenecer a un grupo; para otros, de provocar una reacción. Entender la razón puede ayudar a los padres a responder mejor”.

La mayoría de los padres (58%) cree que tiene cierta responsabilidad en el lenguaje que usan sus hijos.

Las reacciones más comunes ante los insultos son pedirle al niño que se detenga (41%), explicarle por qué ese lenguaje no es aceptable (38%) o simplemente ignorarlo (14%).

Solo el 6% de los padres dijo que las groserías conllevan castigos como tareas domésticas adicionales o sanciones.

Los padres de adolescentes fueron más propensos a ignorar este comportamiento que los de niños pequeños: 21% frente a 8%.

“Mantener una postura coherente frente al uso de groserías puede ser complicado”, señaló Clark. “Los padres deben aclarar sus propias actitudes para decidir qué palabras y situaciones requieren una respuesta. Los niños pequeños, por ejemplo, pueden no entender por qué ciertos términos son inapropiados, por lo que es útil explicar su significado, contexto o impacto social para fomentar la empatía”.

Según los padres, los niños aprenden principalmente las groserías de amigos o compañeros de escuela (65%) y de los medios de comunicación populares (58%). Otras fuentes incluyen a los propios padres (45%) y a otros familiares (44%).

Para reducir la exposición, los padres señalaron que cuidan su propio lenguaje (57%), limitan ciertos contenidos mediáticos (39%), piden a otros que no digan groserías frente a sus hijos (28%) o desalientan amistades con niños que las usan con frecuencia (20%).

“Estos resultados muestran que las groserías no son solo un tema disciplinario”, concluyó Clark. “Están relacionadas con las dinámicas entre pares, las normas familiares y la manera en que los padres buscan guiar el comportamiento sin exagerar”.

La encuesta se basa en las respuestas de 1,678 padres con al menos un hijo de entre 6 y 17 años. Fue realizada en agosto y tiene un margen de error de entre 1 y 4 puntos porcentuales.

 
 

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