Neurólogos identificaron cinco conductas cotidianas que afectan la función cerebral

Diversos hábitos cotidianos que parecen inofensivos pueden, con el tiempo, acelerar el deterioro del cerebro y afectar la salud mental.
Especialistas en neurología de instituciones como la Universidad de Alabama en Birmingham, la Universidad de Florida y el Colegio Médico Albert Einstein, citados por EatingWell, identifican cinco conductas comunes que aumentan el riesgo cognitivo.
Según este portal, muchas alteraciones en el funcionamiento del cerebro están relacionadas directamente con decisiones del día a día. Aunque la salud mental suele atenderse cuando ya existen síntomas evidentes, modificar estos hábitos a tiempo puede ayudar a prevenir problemas y mantener las capacidades cognitivas a lo largo de la vida.
Uno de los factores más importantes es dormir poco o tener un descanso de mala calidad. Durante el sueño, el cerebro elimina desechos y consolida la memoria, procesos que se ven afectados cuando el descanso es insuficiente. La falta crónica de sueño o trastornos como la apnea pueden perjudicar tanto la memoria como la regulación emocional, por lo que mantener horarios regulares es fundamental.
El sedentarismo también representa un riesgo significativo. La falta de actividad física reduce el flujo sanguíneo hacia el cerebro y afecta su rendimiento. Pasar muchas horas sentado y realizar pocas actividades aeróbicas deteriora la salud vascular, lo que puede influir en el envejecimiento cerebral. Además, actividades pasivas como ver televisión sin atención o navegar sin objetivo reducen la estimulación mental.
Otro hábito perjudicial es el uso excesivo de tecnología y la multitarea constante. La exposición continua a pantallas fragmenta la atención y dificulta la memoria. El cerebro no está diseñado para realizar múltiples tareas complejas al mismo tiempo, por lo que alternar entre ellas disminuye la eficiencia y aumenta la distracción.
La alimentación también juega un papel clave. Consumir con frecuencia productos ultraprocesados favorece la inflamación, el estrés oxidativo y altera el metabolismo cerebral. Por ello, los especialistas recomiendan priorizar patrones como la dieta mediterránea o la dieta MIND, basadas en alimentos naturales, legumbres y grasas saludables.
Por último, ignorar la pérdida auditiva puede acelerar el deterioro cognitivo. Cuando la audición se ve afectada, el cerebro debe esforzarse más para procesar los sonidos, lo que incrementa la carga mental y reduce la interacción social, factores asociados con un deterioro más rápido.
Para cuidar la salud cerebral, los expertos sugieren establecer rutinas de sueño que aseguren entre siete y nueve horas de descanso, realizar al menos 150 minutos de actividad física a la semana y evitar periodos prolongados de inactividad. También recomiendan mantener una alimentación equilibrada, reducir el consumo de ultraprocesados y dedicar tiempo a actividades que estimulen la mente, como la lectura o el aprendizaje.
Asimismo, es importante limitar el uso excesivo de pantallas, evitar la multitarea constante, fomentar la vida social y atender oportunamente cualquier problema auditivo. En conjunto, estos cambios ayudan a preservar la función cognitiva y a mantener un cerebro saludable con el paso del tiempo.
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