Medicina personalizada permite predecir metástasis

Durante muchos años, el manejo del cáncer de mama siguió un esquema casi uniforme: cirugía, terapia hormonal y, con frecuencia, quimioterapia. Era el protocolo habitual. No obstante, los avances científicos han demostrado que no todas las mujeres necesitan recorrer esa misma ruta terapéutica.
Hoy se reconoce que un grupo de pacientes no obtiene un beneficio significativo de la quimioterapia y que, en determinados casos, este tratamiento puede implicar efectos secundarios importantes, además de un fuerte impacto emocional, familiar y laboral, sin que ello mejore de forma relevante el pronóstico.
En la actualidad, la medicina de precisión ha transformado este panorama. En Colombia, una prueba genómica incluida en el Plan de Beneficios en Salud permite resolver una de las decisiones más determinantes tras el diagnóstico: definir si la paciente realmente requiere quimioterapia o si puede tratar su tumor sin recurrir a ella. Este estudio analiza la expresión genética del tumor a partir de tejido obtenido en biopsia o cirugía.
Desde hace más de 15 años, la medicina personalizada forma parte del abordaje clínico del cáncer de mama en el país. La prueba puede solicitarse a través de las EPS y sus resultados se entregan en un plazo aproximado de siete a diez días hábiles. Según especialistas, su impacto es considerable, ya que posibilita ajustar el tratamiento a cada caso, evitar terapias innecesarias o insuficientes y mejorar tanto los resultados clínicos como la calidad de vida.
La doctora Paula Buitrago, oncóloga del Grupo Amarey, señala que la clave está en comprender que cada tumor tiene características biológicas propias y que cada paciente puede responder de manera distinta. Destaca además que esta herramienta hace parte de la práctica habitual de mastólogos y oncólogos, y que su inclusión en el sistema de salud facilita el acceso a la medicina personalizada sin importar la condición socioeconómica.
Una caracterización genética del tumor
La prueba se realiza con tejido tumoral y evalúa la expresión de 21 genes vinculados al comportamiento del cáncer. A partir de ese análisis se obtiene una puntuación individual que cumple una doble función: pronóstica y predictiva.
Por un lado, estima la probabilidad de recaída o metástasis en los años posteriores al diagnóstico. Por otro, ayuda a determinar si la paciente obtendrá un beneficio real de la quimioterapia o si puede prescindir de ella sin afectar su pronóstico.
Este avance supone un cambio importante: el tratamiento deja de basarse únicamente en criterios generales y se ajusta a la biología específica de cada tumor. Así, se reducen dos riesgos frecuentes: el sobretratamiento —cuando se administra quimioterapia innecesaria— y el subtratamiento —cuando se omite en pacientes que sí la necesitan pese a que clínicamente parecen de bajo riesgo—.
Como aclara la especialista, la prueba no elimina la quimioterapia por sí misma, sino que orienta la decisión terapéutica. De esta manera, se evita indicar este tratamiento cuando no aporta beneficio, pero también se garantiza su uso en quienes realmente lo requieren.
Se estima que entre el 40 % y el 45 % de las mujeres diagnosticadas con cáncer de mama en Colombia podrían beneficiarse de este análisis, especialmente aquellas en etapas tempranas o intermedias con receptores hormonales positivos. Evitar una quimioterapia innecesaria significa reducir toxicidades, hospitalizaciones y complicaciones, además de facilitar una reincorporación más rápida a la vida cotidiana y optimizar recursos del sistema de salud.
Un cáncer de alta incidencia
La importancia de estas herramientas se entiende mejor al revisar las cifras. Según el Observatorio Global de Cáncer, en 2022 se registraron más de 2,29 millones de nuevos casos de cáncer de mama en el mundo y más de 666.000 muertes, lo que lo convierte en el tumor más frecuente y en la principal causa de muerte por cáncer en mujeres a nivel global.
En Colombia, más de 8.590 mujeres son diagnosticadas cada año, de acuerdo con la Cuenta de Alto Costo 2024. A su vez, el Instituto Nacional de Cancerología reporta que entre 2017 y 2021 esta enfermedad fue la principal causa de diagnóstico y mortalidad oncológica femenina, con marcadas diferencias regionales. Departamentos como La Guajira, Atlántico, Valle del Cauca y Bolívar presentan incidencias superiores al promedio nacional, mientras que la mortalidad ha mostrado un aumento sostenido en las últimas décadas.
Estas brechas reflejan desigualdades en el acceso a la detección temprana y a tratamientos oportunos. Aunque la cobertura de mamografía ha mejorado, aún no alcanza las metas previstas, lo que hace aún más relevante contar con herramientas que permitan tomar decisiones terapéuticas más precisas.
El futuro del tratamiento oncológico
Para la doctora Buitrago, la medicina de precisión implica un cambio estructural en la manera de comprender y tratar el cáncer. El envejecimiento poblacional y los estilos de vida actuales contribuyen a que la enfermedad siga en aumento, pero el avance tecnológico ha permitido entender que cada persona posee un perfil genético único.
La incorporación de la genómica en la práctica clínica aporta información adicional a los criterios tradicionales y facilita decisiones individualizadas. Así como un medicamento puede tener efectos distintos según la persona, el cáncer también responde de manera diferente dependiendo de su biología.
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