Los trastornos por consumo de drogas son una creciente preocupación de salud

Los trastornos asociados al consumo de sustancias constituyen una preocupación creciente para la salud pública, de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Este problema continúa en aumento y pone en riesgo la estabilidad social en toda la región.
Esta situación se ubica entre las diez principales causas de muerte y discapacidad en América Latina. La evidencia científica señala que no se trata de simples hábitos o vicios, sino de una enfermedad médica grave que requiere atención especializada.
¿Qué son los trastornos por consumo y cuál es su impacto?
Un trastorno por consumo se presenta cuando el uso repetido de una sustancia afecta de manera significativa la salud física y mental de una persona. Según estimaciones de la OPS, alrededor de 17.7 millones de personas vivieron esta condición en 2021. Además, los años de vida perdidos por discapacidad relacionada con el consumo de drogas casi se triplicaron entre 2000 y 2021.
El impacto en términos de mortalidad es alarmante: cerca de 78 mil personas fallecen cada año de forma directa a causa de estos trastornos. Esta cifra cuadruplica el promedio mundial. Si se consideran también las muertes por sobredosis y por enfermedades hepáticas como la cirrosis, el total asciende a más de 145 mil vidas perdidas anualmente.
Proyecciones científicas publicadas en The Lancet advierten que la tasa de mortalidad global seguirá aumentando hasta 2040, con una estimación de 42.43 muertes por cada millón de habitantes. El amplio margen de credibilidad del estudio —que va de 23.67 a 77.77 muertes por millón— indica que el escenario podría ser aún más grave si no se actúa de manera inmediata.
El papel de los opioides en la crisis actual
Los opioides, en particular sustancias como el fentanilo, ocupan un lugar central en esta emergencia sanitaria. Se estima que son responsables de más del 75 % de las muertes asociadas al consumo de drogas.
La región enfrenta un desafío creciente con los opioides sintéticos, altamente potentes y de fabricación industrial. Las alertas sanitarias son especialmente intensas en América del Norte, donde las sobredosis continúan en aumento.
La pandemia de Covid-19 agravó la situación al incrementar el estrés, el aislamiento social y las dificultades para acceder a servicios de salud. Esto favoreció un crecimiento acelerado de los problemas relacionados con opioides y anfetaminas. Incluso el uso de analgésicos recetados ha derivado en cuadros graves de dependencia, borrando la frontera entre tratamiento médico y adicción con riesgo vital.
¿Quiénes son los más afectados y dónde se concentran los casos?
El impacto de esta crisis no es uniforme. Los hombres jóvenes concentran las tasas más elevadas de mortalidad y discapacidad asociadas al consumo de drogas. No obstante, las muertes entre mujeres muestran una tendencia ascendente, lo que demanda con urgencia un enfoque con perspectiva de género.
Existen también diferencias regionales marcadas: en el norte del continente predominan los problemas vinculados a opioides, mientras que en el sur son más frecuentes los trastornos asociados al consumo de cocaína y cannabis.
En conjunto, los años de vida saludable perdidos por discapacidad relacionada con drogas casi se han triplicado, afectando de manera profunda el desarrollo personal, social y productivo de miles de personas.
¿Qué hacer si alguien enfrenta problemas con el consumo de sustancias?
A pesar del panorama preocupante, estos trastornos pueden prevenirse y tratarse con apoyo profesional adecuado. Afrontar el problema acompañado es fundamental, ya que la recuperación es posible.
En México, la “Línea de la Vida” ofrece orientación especializada a través de un servicio gubernamental que brinda apoyo en situaciones de crisis emocional y canalización a centros de atención cercanos.
Este servicio proporciona escucha profesional inmediata, intervenciones breves y acceso a recursos locales especializados en adicciones. Actuar de manera oportuna e informarse sobre las opciones disponibles puede marcar la diferencia y salvar vidas. El abordaje integral de las adicciones debe ser una prioridad en los sistemas de salud actuales.
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