Los alimentos ultraprocesados representan el 50% de la dieta en Estados Unidos

Aproximadamente la mitad de las calorías que se consumen en Estados Unidos procede de alimentos ultraprocesados, una situación que ha generado preocupación entre autoridades sanitarias y especialistas.
Un reportaje del programa 60 Minutes, presentado por el periodista Bill Whitaker, reunió al excomisionado de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), David Kessler, y al actual secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr.. Durante la emisión, advirtieron sobre los efectos de estos productos en la salud y cuestionaron la falta de controles estrictos sobre muchos de sus ingredientes.
Una crisis alimentaria en expansión
Kessler sostuvo que, en las últimas cuatro décadas, el mercado estadounidense se ha llenado de productos ultraprocesados diseñados para resultar extremadamente atractivos al gusto y fáciles de consumir. Según explicó en el programa, esta tendencia ha modificado el metabolismo colectivo y contribuido al aumento de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, la hipertensión, los trastornos de lípidos, el hígado graso, los infartos y los accidentes cerebrovasculares.
El impacto es especialmente notable en la población infantil: alrededor del 60% de las calorías que ingieren los niños proviene de este tipo de productos, desplazando a alimentos frescos y mínimamente procesados. Kennedy Jr. remarcó que cerca del 70% de los estadounidenses presenta sobrepeso u obesidad, una situación que atribuyó más a la disponibilidad masiva de alimentos densos en calorías y pobres en nutrientes que a un simple problema de voluntad o apetito.
El sistema GRAS bajo cuestionamiento
En el centro del debate está la normativa conocida como GRAS (“Generally Recognized As Safe”), vigente desde 1958, que permite a las empresas incorporar nuevos ingredientes sin una revisión previa obligatoria de la FDA. Kennedy Jr. afirmó en el reportaje que esta exención ha sido utilizada por la industria para introducir miles de compuestos en el suministro alimentario. Señaló que, mientras en la Unión Europea se autorizan unos 400 ingredientes, en Estados Unidos podrían circular entre 4.000 y 10.000.
Kessler planteó suspender temporalmente el estatus GRAS de diversos carbohidratos procesados y edulcorantes hasta que se demuestre su seguridad. También alertó sobre el impacto metabólico de sustancias como el jarabe de maíz de alta fructosa y la maltodextrina, que se absorben rápidamente, alteran los mecanismos cerebrales de recompensa y favorecen el consumo excesivo al reducir la sensación de saciedad. Según explicó, estas calorías no solo carecen de valor nutricional, sino que tienden a acumularse en el hígado y otros órganos, favoreciendo enfermedades crónicas no transmisibles.
La postura de la industria y los subsidios agrícolas
Empresas del sector alimentario respondieron que no existe una definición científica universalmente aceptada de “ultraprocesado” y defendieron que sus productos cumplen con los estándares de seguridad establecidos por la FDA. Organizaciones empresariales sostienen que el proceso GRAS fomenta la innovación y que los alimentos de larga duración pueden formar parte de una dieta equilibrada si se consumen con moderación.
El reportaje también analizó el papel de los subsidios agrícolas federales, que históricamente han favorecido cultivos como el maíz y la soja. Kessler argumentó que estos incentivos terminan promoviendo calorías de baja calidad nutricional, ya que gran parte de esos cultivos se transforma en ingredientes para productos ultraprocesados o en alimento para ganado, en lugar de consumirse en su forma natural.
Demandas y desafíos legales
La controversia ha derivado incluso en acciones judiciales. En diciembre, el fiscal de San Francisco, David Chiu, presentó una demanda contra diez fabricantes de alimentos ultraprocesados. Según la acusación citada en el programa, las compañías habrían diseñado y comercializado productos potencialmente adictivos, minimizando sus riesgos, en una dinámica comparable a la utilizada en el pasado por la industria tabacalera.
Kennedy Jr. aseguró que su intención es revisar exhaustivamente los ingredientes aprobados bajo la categoría GRAS basándose en evidencia científica. Reconoció que su figura genera recelo en parte del ámbito médico por controversias previas relacionadas con vacunas, pero insistió en que los consumidores deben contar con información clara y confiable para tomar decisiones informadas sobre su alimentación.
El acceso desigual a alimentos frescos agrava el problema, especialmente en los llamados “desiertos alimentarios”, donde predominan opciones ultraprocesadas y los productos saludables son escasos o costosos. Según Kennedy Jr., el gobierno busca ampliar la disponibilidad de alternativas nutritivas para toda la población.
El reportaje estableció un paralelismo entre el actual debate sobre los ultraprocesados y el cambio cultural que se produjo respecto al tabaco. Kessler subrayó la necesidad de transformar la percepción pública sobre estos productos, mientras que el autor Michael Pollan sugirió una pauta sencilla para el consumidor: optar por alimentos que resulten reconocibles y comprensibles como comida real.
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