Los alimentos ultraprocesados podrían acortar la vida de los supervivientes de cáncer

Superar un cáncer ya implica un gran desafío, pero mantener una alimentación basada en productos ultraprocesados podría afectar negativamente la salud a largo plazo de quienes han sobrevivido a la enfermedad, según una investigación reciente.
El estudio, publicado en Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention, señala que los supervivientes de cáncer con mayor consumo de alimentos ultraprocesados presentan un 59% más de riesgo de morir a causa del cáncer. Además, durante un seguimiento de 15 años, mostraron un 48% más de probabilidad de fallecer por cualquier causa en comparación con quienes ingerían menos este tipo de productos.
Marialaura Bonaccio, investigadora en epidemiología y prevención en el IRCCS Neuromed de Italia y autora principal del trabajo, explicó que la alimentación posterior al diagnóstico puede influir en la supervivencia. Sin embargo, la mayoría de los estudios previos se han centrado en nutrientes específicos y no en el nivel de procesamiento de los alimentos.
Bonaccio advirtió que los compuestos utilizados en el procesamiento industrial podrían alterar procesos metabólicos, modificar la microbiota intestinal y favorecer la inflamación. Por ello, incluso si un producto ultraprocesado tiene un perfil calórico o nutricional similar al de un alimento natural o mínimamente procesado, su impacto en el organismo podría ser más perjudicial.
Los alimentos ultraprocesados suelen elaborarse a partir de ingredientes refinados derivados de alimentos enteros, como azúcares añadidos, almidones y grasas saturadas, e incorporan múltiples aditivos para mejorar su sabor, apariencia y duración. Entre ellos se encuentran la bollería industrial, los cereales azucarados, los productos listos para consumir o calentar y los embutidos.
En la investigación participaron más de 800 supervivientes italianos de cáncer, seguidos entre 2005 y 2022 durante una mediana de 14,6 años. Los participantes proporcionaron información detallada sobre su dieta, lo que permitió estimar la proporción de ultraprocesados en su alimentación diaria.
Los resultados evidenciaron que quienes consumían mayores cantidades de estos productos tenían un riesgo más elevado de morir durante el periodo de seguimiento. Parte de esta relación se atribuyó al aumento de la inflamación y a una mayor frecuencia cardíaca en reposo, factores que explicaron el 37% del vínculo entre el consumo de ultraprocesados y la mortalidad.
Según Bonaccio, estos hallazgos sugieren que tanto la inflamación como la elevación de la frecuencia cardíaca podrían ser mecanismos que expliquen cómo el procesamiento industrial de los alimentos influye en peores resultados de salud tras el cáncer.
Los investigadores concluyeron que disminuir el consumo total de alimentos ultraprocesados y reemplazarlos por opciones frescas y poco procesadas podría beneficiar la salud de los supervivientes. La clave, subrayó Bonaccio, no está en eliminar un producto específico, sino en mejorar el patrón alimentario general, priorizando preparaciones caseras y alimentos integrales.
Como recomendación práctica, sugirió revisar las etiquetas: si un producto contiene más de cinco ingredientes o incluye aditivos, es probable que sea ultraprocesado.
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