Leucemia en adultos: las señales silenciosas que pueden salvar una vida si se detectan

La leucemia es un tipo de cáncer de la sangre que afecta principalmente a los adultos mayores, y cuya incidencia aumenta con la edad, según la Sociedad Americana de Hematología (ASH).
Esta enfermedad se caracteriza por la producción de células sanguíneas anormales en la médula ósea, lo que compromete la función del sistema inmunitario y la capacidad del cuerpo para combatir infecciones.
Diversos estudios científicos indican que un diagnóstico temprano mejora el pronóstico y las tasas de supervivencia, especialmente en personas mayores de 60 años. Los especialistas suelen prestar atención a los llamados “síntomas B”: fiebre persistente superior a 38 °C, sudoraciones nocturnas intensas y pérdida de peso no intencionada de más del 10 % en seis meses, tal como señalan la American Cancer Society (ACS) y la Clínica Mayo. Estos signos pueden presentarse de forma simultánea o progresiva y, en adultos mayores, a veces se confunden con otras enfermedades infecciosas o metabólicas, retrasando el reconocimiento de la leucemia.
Tipos de leucemia y factores de riesgo
La leucemia se clasifica según el tipo de célula afectada y la velocidad de evolución:
Leucemia linfocítica aguda (LLA): Afecta a los linfocitos y progresa rápidamente; es más común en niños pero también puede aparecer en adultos mayores. Leucemia mieloide aguda (LMA): Se origina en las células mieloides y avanza con rapidez; es la forma aguda más frecuente en personas mayores de 60 años. Leucemia linfocítica crónica (LLC): Afecta a los linfocitos y progresa lentamente; suele pasar desapercibida en fases iniciales y es más común en adultos mayores. Leucemia mieloide crónica (LMC): Se desarrolla a partir de células mieloides y tiene un inicio lento; su incidencia aumenta con la edad.
Entre los factores de riesgo se incluyen antecedentes familiares de enfermedades hematológicas, exposición a radiación, tabaquismo, contacto con químicos como el benceno y ciertos síndromes genéticos, según la Leukemia & Lymphoma Society (LLS) y la ASH.
Además de los síntomas B, la leucemia puede manifestarse mediante fatiga crónica, debilidad, infecciones recurrentes, hematomas o sangrado sin causa aparente y palidez. La inflamación indolora y progresiva de ganglios linfáticos en cuello, axilas o ingles también es un indicador relevante, al igual que la esplenomegalia o hepatomegalia, que pueden causar sensación de presión abdominal.
Diagnóstico y seguimiento
El diagnóstico en adultos mayores implica un enfoque integral: hemograma completo para detectar alteraciones en glóbulos blancos, anemia y trombocitopenia, seguido de biopsia de médula ósea para confirmar el tipo de leucemia. Pruebas citogenéticas y moleculares ayudan a identificar alteraciones genéticas específicas, fundamentales para seleccionar el tratamiento adecuado y establecer el pronóstico.
El curso de la enfermedad varía según el tipo de leucemia, la edad y el estado general del paciente. Las formas agudas requieren intervención inmediata, mientras que las crónicas evolucionan más lentamente. Los avances en quimioterapia personalizada, terapias dirigidas, inmunoterapia y trasplante de médula ósea han mejorado el pronóstico, aunque las comorbilidades en adultos mayores pueden limitar algunas opciones terapéuticas.
Tratamiento y control
El manejo de la leucemia en adultos mayores se adapta a las condiciones individuales e incluye quimioterapia, fármacos dirigidos, inmunoterapia y, en casos seleccionados, trasplante de células madre hematopoyéticas. El seguimiento constante, el control de recaídas y la atención a efectos secundarios y complicaciones infecciosas son esenciales.
Las guías de la ASH y la LLS recomiendan no retrasar la consulta médica ante síntomas persistentes, especialmente en adultos mayores. La educación sobre señales de alerta y la realización de controles regulares contribuyen a una detección temprana y facilitan el acceso a los tratamientos más efectivos, mejorando la calidad de vida.
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