Las drogas psicoactivas duplican el riesgo de sufrir un ACV

Un metaanálisis llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Cambridge encontró que el consumo de drogas psicoactivas —como anfetaminas, cocaína y cannabis— puede aumentar más del doble la probabilidad de sufrir un accidente cerebrovascular. El efecto es particularmente marcado entre personas jóvenes, de acuerdo con el estudio publicado en la revista científica International Journal of Stroke.
Los resultados se dieron a conocer en el contexto de la Semana Mundial de Concientización del Cerebro 2026, que se celebra del 9 al 15 de marzo, y aportan nuevas evidencias sobre la relación entre el consumo de estas sustancias y uno de los principales problemas de salud pública a nivel mundial.
La investigación analizó información médica de más de 100 millones de personas y reunió datos de 32 estudios distintos. El análisis, liderado por el Departamento de Neurociencias Clínicas de la Universidad de Cambridge, mostró que quienes consumen anfetaminas tienen un riesgo 122 % mayor de sufrir un accidente cerebrovascular. En el caso de la cocaína, el incremento del riesgo alcanza el 96 %, mientras que el consumo de cannabis se asocia con un aumento del 37 %.
Entre las personas menores de 55 años, el impacto resulta todavía mayor. En este grupo, el uso de anfetaminas casi triplica la probabilidad de sufrir un ictus, el consumo de cocaína eleva el riesgo en un 97 % y el cannabis lo incrementa en aproximadamente un 14 % en comparación con quienes no utilizan estas sustancias.
La autora principal del estudio, la doctora Megan Ritson, integrante del grupo de investigación sobre accidentes cerebrovasculares de la Universidad de Cambridge, señaló que el consumo de drogas ilícitas es un factor de riesgo prevenible para este tipo de evento vascular. Sin embargo, advirtió que muchas personas jóvenes probablemente no son plenamente conscientes de la magnitud de este peligro.
Las drogas psicoactivas son sustancias que, al ingresar al organismo, alteran procesos mentales como la percepción, la conciencia, la cognición o el estado de ánimo, según la definición de la Organización Mundial de la Salud.
El estudio también exploró los mecanismos fisiológicos que explican cómo estas sustancias aumentan el riesgo de accidente cerebrovascular. Tanto las anfetaminas como la cocaína pueden provocar elevaciones bruscas de la presión arterial y contracciones en los vasos sanguíneos del cerebro, lo que incrementa la posibilidad de hemorragias o bloqueos en la circulación cerebral.
En el caso de la cocaína, el riesgo también se relaciona con la aceleración de la aterosclerosis, un proceso en el que el colesterol y otras sustancias se acumulan en las arterias, provocando su endurecimiento y estrechamiento. Por su parte, el cannabis también puede generar vasoconstricción y favorecer la formación de coágulos sanguíneos.
Según explicó la doctora Ritson, este trabajo representa el análisis más completo realizado hasta ahora sobre el vínculo entre el consumo de drogas recreativas y el riesgo de ictus, y aporta evidencia sólida de que sustancias como la cocaína, las anfetaminas y el cannabis pueden actuar como factores causales en la aparición de estos eventos.
El investigador Eric Harshfield, vinculado a la Sociedad de Alzheimer en Cambridge, destacó que estos resultados subrayan la importancia de impulsar políticas de salud pública orientadas a reducir el consumo de drogas y, de ese modo, disminuir también la incidencia de accidentes cerebrovasculares.
Además, estudios recientes en neurociencia han sugerido que algunos jóvenes podrían presentar características cerebrales que los predisponen a experimentar con sustancias antes incluso de su primer contacto con ellas. Investigaciones del programa Adolescent Brain Cognitive Development Initiative encontraron que ciertos adolescentes muestran diferencias estructurales en el cerebro desde edades tempranas.
El equipo liderado por el investigador Alex Miller, de la Universidad de Indiana, detectó en niños de entre nueve y once años variaciones como un mayor tamaño cerebral total o mayor complejidad en la corteza cerebral en comparación con quienes no desarrollaron consumo de sustancias.
La directora del National Institute on Drug Abuse, Nora Volkow, señaló que estos hallazgos apuntan a la existencia de factores de vulnerabilidad que podrían ayudar a identificar a jóvenes con mayor riesgo.
Otros especialistas también han observado que ciertos rasgos de personalidad —como la curiosidad, la búsqueda de sensaciones intensas o la tendencia a asumir riesgos— pueden asociarse con estos patrones cerebrales. Aunque estas características pueden favorecer la creatividad o el aprendizaje, también podrían aumentar la probabilidad de experimentar con drogas durante la adolescencia.
A partir de estos hallazgos, algunos programas de prevención han buscado intervenir antes del inicio del consumo. Un ejemplo es la iniciativa desarrollada por la investigadora Patricia Conrod en la Universidad de Montreal, que logró reducir significativamente la probabilidad de desarrollar trastornos por uso de sustancias en adolescentes considerados de alto riesgo.
A nivel mundial, el consumo de drogas psicoactivas ha aumentado en la última década. De acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, cerca de 300 millones de personas consumen drogas ilícitas de forma habitual. Entre ellas, aproximadamente 228 millones utilizan cannabis, 30 millones anfetaminas y 23 millones cocaína.
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