La pérdida parental por drogas y violencia aumenta el riesgo de muerte infantil en un 2.000%

Cuando un padre fallece de forma inesperada por violencia, suicidio o adicción, el impacto emocional en los hijos es enorme.
Un estudio reciente indica que este dolor no solo deja secuelas emocionales, sino que también incrementa de manera importante el riesgo de que estos niños mueran antes de alcanzar la adultez.
Investigadores de la Universidad de Michigan analizaron datos recopilados durante varias décadas para evaluar la supervivencia de menores que perdieron a un progenitor biológico por homicidio, suicidio o sobredosis.
Los resultados, publicados el 23 de marzo en JAMA Network Open, sugieren que este tipo de muertes, en gran medida prevenibles, elimina una protección fundamental para los niños, dejándolos en una situación de mayor vulnerabilidad.
El análisis incluyó a más de 32,000 menores, y mostró que aquellos que atravesaron la pérdida de un padre por estas causas tenían un riesgo mucho mayor de fallecer antes de los 18 años en comparación con la población infantil general.
Mientras que la tasa promedio de mortalidad infantil en Michigan es de aproximadamente 5 por cada 10,000, los datos en estos niños reflejan una realidad mucho más preocupante:
En casos de homicidio, la tasa alcanzó 106 muertes por cada 10,000. En casos de suicidio, superó las 66 por cada 10,000. En casos de sobredosis, fue cercana a 37 por cada 10,000.
En total, los investigadores atribuyeron 150 muertes adicionales de menores en el estado, a lo largo de 14 años, a la pérdida de uno de sus padres por estas causas.
Para llevar a cabo el estudio, se vincularon registros de nacimientos y defunciones de padres e hijos en Michigan entre 1992 y 2023, identificando a 32,262 menores de 17 años o menos que habían sufrido este tipo de pérdida.
El autor principal, Sean Esteban McCabe, explicó que muchos de estos niños enfrentan su duelo en silencio debido al estigma asociado a la causa de la muerte de sus padres.
Incluso personas cercanas, como amigos o maestros, tienden a evitar el tema, lo que puede generar mayor aislamiento en un momento en que el apoyo es crucial.
El investigador destacó que existen intervenciones tempranas y servicios de apoyo al duelo infantil que han demostrado mejorar la salud y el bienestar de estos menores, pero que aún no están disponibles de manera amplia.
El estudio también evidenció que en algunas regiones el acceso a atención en salud mental y apoyo emocional es muy limitado, lo que agrava la situación.
McCabe subrayó que el lugar donde vive un niño no debería determinar si recibe o no ayuda adecuada tras una pérdida tan significativa.
Además, señaló que Michigan presenta tasas de mortalidad parental superiores al promedio nacional.
Ante esto, el equipo impulsa iniciativas a nivel estatal para asegurar que los niños en duelo tengan acceso a atención psicológica y tratamiento para problemas de adicción.
Los investigadores concluyen que identificar a estos menores como un grupo de alto riesgo desde etapas tempranas permitiría intervenir oportunamente y brindarles el apoyo necesario para compensar la pérdida de protección que implica la muerte de un progenitor.
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