La NASA superó una prueba decisiva

El retorno de astronautas al entorno lunar dejó de ser una meta distante para convertirse en una prioridad concreta. La NASA culminó con éxito el ensayo general más trascendental de la misión Artemis II, que llevará a cuatro tripulantes a orbitar la Luna. La prueba evaluó de manera integral el cohete y todos los sistemas implicados en el lanzamiento.
Este avance allana el camino para un posible despegue en los próximos días y constituye el progreso más significativo hacia el regreso humano al espacio profundo en más de cincuenta años. La misión contempla un viaje de diez días, en el que la nave rodeará la Luna antes de retornar a la Tierra.
El ensayo confirmó que cada sistema operó dentro de los parámetros previstos y permitió que la tripulación iniciara la cuarentena obligatoria previa al lanzamiento. Se trató del último gran paso antes de autorizar el vuelo definitivo, marcando la transición entre las pruebas técnicas y la exploración tripulada real.
La prueba se llevó a cabo en el Centro Espacial Kennedy, donde el imponente cohete Space Launch System (SLS) permaneció en la plataforma mientras los equipos realizaban el denominado ensayo general húmedo. Esta simulación reprodujo cada fase previa al lanzamiento, desde la carga de combustible hasta los instantes finales de la cuenta regresiva, con el fin de verificar que todos los procedimientos técnicos funcionaran correctamente.
Durante la evaluación, la agencia comprobó que el cohete y la cápsula Orion podían soportar el abastecimiento de propelente criogénico, compuesto por hidrógeno y oxígeno líquidos a temperaturas extremadamente bajas. La manipulación de este combustible exige máxima precisión, ya que cualquier anomalía puede provocar fallas críticas, como las fugas detectadas semanas atrás. En esta ocasión, el sistema respondió de manera adecuada bajo condiciones extremas.
Se cargaron cerca de 2,6 millones de litros de propelente superfrío en las dos etapas del cohete, una de las operaciones más delicadas del proceso. Tras reemplazar dos sellos defectuosos en la conexión de las líneas de combustible —una zona clave para la seguridad—, los ingenieros confirmaron que las mejoras técnicas evitaron filtraciones y mantuvieron las concentraciones dentro de niveles seguros.
La simulación avanzó hasta los segundos finales de la cuenta regresiva, cuando el sistema se detuvo de forma planificada. En esa fase, los controles automáticos asumieron el mando, se realizaron verificaciones finales de las computadoras de vuelo y de los sistemas en tierra, y el cohete pasó a energía interna, como ocurriría en un lanzamiento real. El éxito de esta secuencia confirmó la preparación del conjunto completo.
Más allá del logro técnico, Artemis II marcará el primer vuelo tripulado más allá de la órbita terrestre baja desde el fin del programa Apolo en 1972, convirtiéndose en un hito histórico para la exploración espacial. Durante décadas, las misiones humanas se limitaron a la órbita terrestre; ahora, esta misión abre nuevamente la puerta al espacio profundo.
La tripulación está integrada por Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto con el canadiense Jeremy Hansen, representante de la Agencia Espacial Canadiense, lo que subraya el carácter internacional del proyecto. El plan de vuelo contempla primero la inserción en órbita terrestre, seguida del encendido que impulsará la nave rumbo a la Luna, permitiendo evaluar su desempeño en condiciones reales antes de completar el regreso a la Tierra.
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