¿La música fuerte en el gimnasio aporta motivación extra?

Entrenar con música a volumen alto suele ser algo común en muchos gimnasios. Sin embargo, surge la pregunta de si realmente influye en la motivación de quienes hacen ejercicio.
Un grupo de investigadores de Estados Unidos analizó esta práctica y concluyó que reducir el volumen de la música durante las clases grupales no disminuye la energía ni el esfuerzo percibido por los participantes. Por el contrario, mantener niveles sonoros muy elevados puede representar un riesgo innecesario para la salud auditiva. Los resultados del estudio fueron publicados en la revista científica JAMA Otolaryngology–Head & Neck Surgery.
Música fuerte: ¿más motivación?
La exposición a ruidos intensos puede provocar daño auditivo y se estima que afecta aproximadamente a uno de cada cuatro adultos. La Administración de Seguridad y Salud Ocupacional de los Estados Unidos advierte que los sonidos superiores a 85 decibeles (dBA) pueden ser perjudiciales para el oído. En muchos gimnasios, especialmente durante clases colectivas, este límite suele superarse.
Durante mucho tiempo se asumió que la música fuerte ayudaba a aumentar el entusiasmo y el rendimiento físico, una idea que se popularizó en el ámbito del fitness.
El estudio que evaluó esta creencia
La investigación fue dirigida por Kaitlin Hori, junto con Choo Phei Wee, Nicholas Liu, John Parsons y Janet Choi, especialistas vinculados a la Universidad del Sur de California.
El objetivo fue comprobar en un entorno real si la motivación durante el ejercicio dependía del volumen de la música. Para ello analizaron clases grupales y midieron la intensidad del sonido con instrumentos especializados.
Cómo se evaluó el esfuerzo físico
El estudio se realizó en un gimnasio de Los Ángeles en febrero de 2025 y contó con 189 participantes, la mayoría mujeres, con una edad promedio de 28 años.
Las sesiones duraban una hora e incluían rutinas con pesas. Se organizaron dos tipos de clases:
Un grupo con el volumen habitual de la música.
Otro con una reducción aproximada de 3 decibeles.
Los investigadores colocaron medidores de sonido en distintos puntos del salón para registrar los niveles acústicos. El promedio fue de 91,4 dBA en las clases normales y 88,5 dBA en las sesiones con volumen reducido.
Al terminar cada entrenamiento, los participantes respondieron cuestionarios sobre su nivel de esfuerzo, la preferencia de volumen y posibles molestias auditivas.
El esfuerzo percibido se midió con la escala Borg CR-10, que va de 0 (reposo total) a 10 (esfuerzo máximo).
Resultados del estudio
El análisis mostró que bajar el volumen de la música no generó cambios relevantes en la percepción de esfuerzo ni en la motivación. La diferencia registrada en la escala Borg fue de −0,66, un valor considerado clínicamente insignificante.
En otras palabras, los participantes sintieron que el ejercicio fue igual de exigente independientemente del volumen musical.
Sin embargo, el estudio también detectó algunos riesgos:
Solo 2,1 % de los asistentes utilizó protección auditiva.
14,8 % reportó tinnitus (zumbido en los oídos) después de las clases.
El nivel de sonido que los participantes consideraron “adecuado” fue de 88,7 dBA.
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