La Entrevista con Tuilzie Ibarra Vázquez: 'Una vida dedicada a quienes no tienen voz'

Desde pequeña, su mundo estuvo rodeado de seres vivos que requerían cuidado, paciencia y cariño.
Tuilzie Ibarra Vázquez, directora de Control Animal en Frontera, no habla de su trabajo como una obligación, sino como una misión de vida que comenzó mucho antes de ocupar un cargo público. Su historia está profundamente ligada a la empatía, a los recuerdos de infancia y a una conexión genuina con los animales que ha crecido con los años.
Desde pequeña, su mundo estuvo rodeado de seres vivos que requerían cuidado, paciencia y cariño. Aquellas experiencias marcaron su carácter y definieron el rumbo de su vocación. Hoy, desde su trinchera institucional, continúa defendiendo a quienes no tienen voz, con la misma sensibilidad con la que lo hacía cuando apenas era una niña.
¿De dónde nace el amor por los animales?
“Yo sé que suena a algo que muchos dicen, pero en mi caso es completamente real: desde que tengo uso de razón. Cuando tenía unos 6 o 7 años ayudaba a mi papá con los animalitos que tenía, gallinas, pollitos, gallos. Para mí no era una tarea, era algo que disfrutaba muchísimo. Después, cuando crecí un poco más, entre los 8 y 10 años, salíamos en bicicleta los fines de semana. Era nuestro momento, nuestra rutina, y en esos recorridos siempre encontraba perritos abandonados. No podía dejarlos. Me los llevaba a casa, los bañábamos, los curábamos con lo poco que teníamos, y tratábamos de buscarles un hogar. Algunos se quedaban con nosotros, otros lograban ser adoptados. Pero desde ahí entendí que ellos necesitaban de alguien y yo quería ser esa persona”.
¿Cuál es tu formación profesional y cómo se conecta con esta causa?
“Soy licenciada en Derecho, y aunque ejercí poco tiempo, una de las razones por las que estudié fue precisamente para poder ayudar en temas de maltrato animal. Antes, estos casos no tenían tanta visibilidad ni respaldo legal. Hoy, gracias a la ley de protección animal en Coahuila, podemos actuar”.
¿Qué problemáticas enfrentan actualmente en bienestar animal?
“Siempre lo digo y lo voy a seguir diciendo: no batallo tanto con los animales, batallo con las personas. Con la falta de empatía, con la irresponsabilidad. Hay gente que ve a una mascota como algo desechable, que si ya no la quiere, simplemente la abandona. Todavía nos falta mucha cultura, mucha educación en este tema. Entender que un animal siente, que depende completamente de nosotros”.
¿Cuántos reportes reciben y cómo ha cambiado la situación?
“Diariamente entre 10 y 15 reportes, lo que suma alrededor de 60 o 70 por semana. Cuando iniciamos, eran hasta 25 diarios, y muchos eran casos muy graves de crueldad. Hoy, gracias a Dios, han disminuido y ya no son tan extremos. Siguen siendo maltrato, claro, pero ahora vemos más casos de descuido, como perritos amarrados o en azoteas. Eso también es maltrato, pero al menos ya no vemos tanta violencia directa como al principio”.
¿Cómo es el proceso cuando un ciudadano denuncia?
“La mayoría de los reportes son anónimos. Nos dan la dirección y nosotros acudimos. Muchas veces voy personalmente, y si sabemos que puede ser un lugar conflictivo, vamos acompañados de Seguridad".
¿Con qué instituciones o personas colaboran?
“Este trabajo no se hace sola. Me apoyo mucho con rescatistas, con personas que comparten esta misma pasión. Trabajo con Carla, que además de ser rescatista es mi amiga, y juntas estamos formando una fundación. También colaboro con ‘Rescatando Patitas’. Además, Protección Civil nos ayuda en rescates complicados, como bajar animales de árboles o sacarlos de lugares peligrosos. Seguridad Pública también es clave cuando necesitamos asegurar una mascota”.
¿Qué acciones realizan para prevenir el maltrato?
“La base de todo es la conciencia. Vamos a colonias, damos servicios gratuitos, baños garrapaticidas, desparasitaciones. El año pasado visitamos todas las colonias del municipio. Ahora estamos iniciando pláticas en escuelas, porque creemos que ahí está la clave: en los niños. Enseñarles desde pequeños lo que implica tener una mascota, que no es un juego, que es una responsabilidad de muchos años”.
¿Existen campañas permanentes?
“Sí, tenemos campañas de esterilización a bajo costo todo el año, vacunación y adopción. También brigadas semanales donde atendemos hasta 170 perros de manera gratuita. Mucha gente se acerca a pedir ayuda, porque encuentran animalitos abandonados y no saben qué hacer, nosotros los atendemos, les damos lo necesario y buscamos un hogar para ellos”.
¿Cuál es el mayor reto en tu labor?
“Sin duda, el trato con las personas. Hay quienes tienen un perro por años y de pronto deciden abandonarlo. Eso duele, porque sabes que ese animal dependía totalmente de ellos. Pero también he aprendido a tener paciencia, a entender que no todos tienen la misma información. Tratamos de dialogar, de llegar a acuerdos, pensando en el bienestar del animal”.
¿Hay casos que te hayan marcado profundamente?
“Muchos, pero hay dos que llevo en el corazón. Uno es ‘Lobita’, una perrita que tenía una herida muy grave y en la que trabajamos mucho para ganarnos su confianza. Un día simplemente desapareció. La buscamos por todos lados, con volantes, incluso con dron, pero nunca la encontramos. Es una herida que sigue abierta. El otro es ‘Pinto’. Fue un caso muy fuerte, de mucha crueldad. Pero también es un caso que representa justicia. Su agresor fue detenido y llevado al Cereso. Es la primera vez que vemos algo así en el municipio”.
¿Qué papel juega la sociedad en esta labor?
“Es fundamental. Nosotros podemos hacer mucho, pero no todo. Esto es un trabajo en equipo. La gente tiene que ser responsable con sus mascotas, darles lo necesario y si no pueden, acercarse. Siempre vamos a buscar la manera de ayudar. Lo importante es no ignorar, no voltear a otro lado”.
¿Qué mensaje final deseas compartir?
“Respetemos la vida. Que eduquemos a nuestros hijos con valores, con empatía. Que entendamos que los animales son parte de nuestra vida y merecen cuidado. Y que nunca subestimemos un pequeño acto. A veces, rescatar, alimentar o simplemente ayudar a un animal puede cambiarlo todo para él”.
La historia de Tuilzie Ibarra Vázquez no solo habla de una funcionaria, sino de una mujer que convirtió su amor de infancia en una causa de vida, recordando que la verdadera transformación comienza con empatía y acciones concretas.
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