La contaminación del aire aumenta el riesgo de ELA

La exposición a largo plazo a la contaminación del aire podría incrementar el riesgo de desarrollar ELA y otras enfermedades de la neurona motora, de acuerdo con un estudio reciente.
Además, los contaminantes atmosféricos también parecerían acelerar la evolución de la enfermedad en personas que ya han sido diagnosticadas con ELA, según reportaron los investigadores el 20 de enero en JAMA Neurology.
“Nuestros hallazgos indican que la contaminación del aire no solo podría influir en la aparición de la enfermedad, sino también en la velocidad con la que progresa”, señaló la Dra. Caroline Ingre, autora del estudio y profesora adjunta de neurociencia clínica en el Instituto Karolinska, en Suecia.
Para llevar a cabo la investigación, el equipo analizó la exposición a la contaminación del aire de 1,463 personas en Suecia con diagnósticos recientes de enfermedades de la neurona motora, y la comparó con la de casi 1,800 hermanos y más de 7,000 individuos sanos.
Estas enfermedades afectan a las neuronas encargadas del control del movimiento voluntario, lo que provoca debilidad, atrofia y parálisis muscular, según explican los investigadores. La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es la forma más frecuente y representa hasta el 90 % de los casos.
Los resultados mostraron que una exposición prolongada a la contaminación atmosférica —incluso a niveles relativamente bajos como los que se registran en Suecia— se asocia con un aumento del 20 % al 30 % en el riesgo de padecer enfermedades de la neurona motora, incluida la ELA.
Asimismo, niveles más elevados de contaminación se relacionaron con un deterioro funcional más acelerado y un mayor riesgo de muerte después del diagnóstico.
“Observamos una relación clara, a pesar de que los niveles de contaminación del aire en Suecia son menores que en muchos otros países”, afirmó el investigador principal Jing Wu, posdoctorante en el Instituto de Medicina Ambiental del Karolinska. “Esto resalta la necesidad de seguir mejorando la calidad del aire”.
Aunque el estudio no se diseñó para identificar las causas exactas de esta asociación, los autores apuntan que la contaminación del aire puede provocar inflamación y estrés oxidativo en el sistema nervioso.
La Dra. Jacqueline Moline, vicepresidenta senior y responsable de medicina laboral, epidemiología y prevención en Northwell Health, en Nueva York, comentó a HealthDay que los resultados resultan “aún más llamativos” al haberse observado en un país con aire relativamente limpio.
“No solo preocupa que vivir en zonas con mayor contaminación incremente el riesgo de desarrollar la enfermedad, sino que, una vez que aparece, la exposición continua a esos contaminantes se asocia con peores desenlaces”, explicó Moline.
Coincidió con la hipótesis de los investigadores de que la inflamación desempeña un papel central en este efecto.
“Sabemos que la contaminación del aire y los compuestos químicos que contiene son proinflamatorios”, señaló. “Se inhalan, las partículas llegan a los pulmones y algunas pueden generar cambios en las neuronas, que son las células responsables del movimiento y el pensamiento. Existen indicios de que esta cascada inflamatoria, una vez iniciada, puede afectar al cerebro y al sistema nervioso central”.
Como medida preventiva, Moline recomendó reducir la exposición en días con mala calidad del aire.
“Cuando el aire está muy contaminado, conviene limitar el tiempo al aire libre o evitar hacer ejercicio fuera”, concluyó.
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