La constancia y los hábitos definen 80% del envejecimiento cutáneo

La dermatóloga Shereene Idriss afirmó que el cuidado cutáneo va mucho más allá de la apariencia, ya que está estrechamente vinculado con la salud física y el equilibrio emocional.
En una reciente participación en The Mel Robbins Podcast, explicó que la piel responde tanto a los hábitos diarios como a la manera en que cada persona se percibe. Según señaló, el verdadero cambio comienza al transformar esa relación personal con la propia imagen, en lugar de intentar cumplir estándares externos.
Idriss recordó que la piel, el órgano más grande del cuerpo, actúa como un reflejo del estado interno, tanto fisiológico como emocional. Destacó que la seguridad en uno mismo surge de una relación sana con la piel y que el autocuidado tiene un impacto más profundo en el bienestar que cualquier modificación puramente estética.
También subrayó que solo alrededor del 20% del envejecimiento cutáneo está determinado por la genética, mientras que el 80% restante depende del estilo de vida y del entorno. Por ello, defendió la importancia de crear rutinas simples y sostenibles, insistiendo en que la constancia y la sencillez superan a los regímenes complicados o a los productos costosos.
Factores clave para una piel saludable
Entre los aspectos fundamentales, destacó el sueño reparador, al que describió como una inversión acumulativa a largo plazo. No se trata de dormir bien una sola noche, sino de mantener el hábito en el tiempo. Asimismo, recomendó actividad física moderada, como caminar con regularidad, para estimular la circulación sanguínea y linfática.
La alimentación equilibrada también ocupa un lugar central en la salud cutánea. Según explicó, ningún producto facial puede compensar malos hábitos nutricionales, ya que sin una base saludable los resultados serán solo superficiales.
En cuanto a la rutina básica, propuso tres pasos esenciales: limpieza, hidratación y protección solar. Recalcó que no es necesario seguir esquemas extensos de múltiples pasos; lo determinante es la regularidad.
Para la limpieza nocturna aconsejó utilizar un producto suave y evitar el exceso de jabón por la mañana, salvo en casos de piel grasa o con acné activo. Respecto a la hidratación, sugirió optar por fórmulas simples y adaptar la textura según el clima y el tipo de piel. Además, aclaró que muchos productos que prometen estimular el colágeno no siempre cumplen con esa función. Sobre el protector solar, fue tajante: debe aplicarse a diario y convertirse en un hábito tan automático como cepillarse los dientes.
Productos y prácticas que conviene evitar
Idriss advirtió sobre los cosméticos que prometen efectos inmediatos, ya que pueden comprometer la barrera cutánea. Desaconsejó el uso cotidiano de toallitas desmaquillantes por dejar residuos e irritar, así como la esponja vegetal por su carácter abrasivo. También alertó sobre combinar mascarillas con activos incompatibles y señaló que las tiras para poros ofrecen resultados pasajeros que incluso pueden empeorar la textura de la piel. Enfatizó que no existen soluciones mágicas ni atajos seguros.
Recomendó informarse adecuadamente sobre ingredientes activos como vitamina C, retinol, ácido hialurónico y niacinamida, ya que no todos son necesarios en todos los casos y su uso incorrecto puede resultar perjudicial. Explicó que la vitamina C puede ayudar con la luminosidad y las manchas, siempre que se utilicen sus formas activas. Sobre el retinol, propuso una introducción gradual —“bajo y lento”— empezando con dosis pequeñas varias veces por semana. En cuanto al ácido hialurónico, aclaró que ya está presente en muchos productos, por lo que añadirlo de forma extra no siempre aporta beneficios adicionales.
Asimismo, cuestionó la idea de que la mayoría de las personas tenga “piel sensible”. Indicó que solo una minoría presenta verdadera sensibilidad; en la mayoría de los casos se trata de reacciones provocadas por inflamación o por el uso excesivo de productos inadecuados. Ante irritaciones, aconsejó suspender temporalmente la rutina, lavar únicamente con agua y, tras unos días, reintroducir una hidratante neutra antes de retomar el cuidado habitual.
Respecto al acné, recordó que no es exclusivo de la adolescencia y puede verse agravado por factores hormonales, cambios en la renovación celular o contacto con ciertos cosméticos. En el caso de las manchas, como el melasma, recomendó combinar tratamientos tópicos con hábitos sostenibles en el tiempo.
Envejecimiento y autoestima
La especialista explicó que el colágeno disminuye aproximadamente un 1% anual desde finales de los veinte años, junto con la pérdida de grasa facial y cambios estructurales y hormonales. Señaló que no todos estos procesos pueden abordarse únicamente con cosmética y que, en algunos casos, se requieren intervenciones médicas.
Diferenció entre lo que puede lograrse con productos tópicos y lo que corresponde a procedimientos como toxina botulínica, rellenos dérmicos, láser o radiofrecuencia. Enfatizó que estas opciones deben aplicarse con información clara, expectativas realistas y priorizando la naturalidad, ya que son complementos y no sustituyen una rutina diaria adecuada.
Finalmente, abordó el impacto emocional del envejecimiento e invitó a replantear la relación con la propia imagen. Sus recomendaciones finales fueron simplificar la rutina, evitar el uso del espejo de aumento y realizar pequeños gestos personales que fomenten el bienestar. Para Idriss, el cuidado de la piel es un proceso de autoconocimiento, constancia y construcción de confianza personal.
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