¿La clonación serial de mamíferos es saludable? Un experimento japonés con ratones

En 1996 nació la oveja Dolly, convirtiéndose en el primer mamífero clonado a partir de una célula adulta. Poco después, experimentos con ratones confirmaron que esta técnica, conocida como transferencia nuclear, también podía aplicarse a otras especies.
Tras décadas de investigación, surgió la duda de si la clonación podría sostener una especie sin necesidad de reproducción sexual. Un estudio realizado en Japón y publicado en Nature Communications mostró que este proceso tiene un límite claro.
Aunque los ratones clonados parecían sanos al inicio, con el paso de las generaciones comenzaron a acumular mutaciones perjudiciales en su ADN. Después de 58 generaciones, la técnica dejó de ser viable.
Estos resultados sugieren que la reproducción sexual es fundamental para preservar la estabilidad genética en los mamíferos.
La clonación consiste en transferir el núcleo de una célula a un óvulo al que previamente se le retiró su material genético. De este modo, se genera un nuevo individuo con la misma información genética que el donante.
Este método ha sido útil en investigaciones sobre enfermedades, conservación de especies y producción animal.
En el experimento japonés, los científicos partieron de una ratona joven y fueron creando generaciones sucesivas utilizando siempre células del clon más reciente. El proceso se extendió durante dos décadas y requirió más de 30,000 transferencias nucleares.
Durante las primeras generaciones, la tasa de éxito fue estable. Sin embargo, a partir de cierto punto comenzó a disminuir, y después de la generación 40 el descenso fue mucho más marcado.
Los análisis genéticos revelaron que las mutaciones aumentaban con cada ciclo de clonación. En la generación 58, todos los ejemplares murieron poco después de nacer.
También se identificaron alteraciones cromosómicas importantes, como la pérdida de cromosomas o intercambios anómalos entre ellos. Además, las placentas de los clones presentaban irregularidades.
Cuando los científicos cruzaron estos clones con ratones normales, las crías recuperaron características saludables, lo que indica que la reproducción sexual puede corregir estos errores genéticos.
A pesar de algunos intentos por reducir el daño —como el uso de óvulos jóvenes—, la acumulación de mutaciones resultó inevitable. Este fenómeno coincide con lo que plantea la teoría del “trinquete de Muller”, que describe cómo los errores genéticos se acumulan en organismos que no se reproducen sexualmente.
El estudio también explica que, a diferencia de plantas u organismos más simples, los mamíferos necesitan la reproducción sexual para reorganizar su ADN y eliminar mutaciones dañinas.
En conclusión, aunque la clonación permite grandes avances científicos, este experimento demuestra que no puede reemplazar a la reproducción sexual como mecanismo para garantizar la supervivencia genética a largo plazo en los mamíferos.
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