La brecha de género en el bienestar de los cuidadores es real

Atender a un padre o madre en la vejez no es algo fácil por naturaleza. Implica enfrentarse a numerosos aspectos prácticos, como organizar consultas médicas, gestionar diagnósticos y garantizar su seguridad física.
Además de la posible tristeza por el deterioro del ser querido o por el cambio en los roles familiares —junto con el estrés por el tiempo y el dinero—, muchas personas también encuentran en esta labor un profundo sentido de propósito, significado e incluso satisfacción.
Sin embargo, un estudio reciente del Pew Research Center revela que hombres y mujeres no viven estas experiencias positivas de la misma manera.
Diferencias entre hombres y mujeres cuidadores
El informe muestra que el cuidado es bastante común: el 10 % de los adultos en Estados Unidos atiende a un padre mayor de 65 años, y un 3 % cuida a su pareja en ese rango de edad. También indica que las mujeres asumen este rol con mayor frecuencia que los hombres (28 % frente a 23 %), aunque esta diferencia se está reduciendo.
No obstante, la vivencia del cuidado varía según el género. Entre los hombres, un 61 % considera que esta experiencia ha fortalecido la relación con sus padres, mientras que en las mujeres la cifra es del 53 %.
Por otro lado, las mujeres reportan con mayor frecuencia efectos negativos en su salud física (38 % frente a 26 %) y en su bienestar emocional (47 % frente a 30 %). En contraste, los hombres tienden más a percibir beneficios emocionales (36 % frente a 21 %).
Según la investigadora Kim Parker, estas diferencias se mantienen incluso cuando ambos realizan tareas similares, lo que resulta llamativo.
Expresión emocional y factores sociales
Una posible explicación no está en las actividades realizadas, sino en cómo hombres y mujeres procesan y expresan sus emociones. Diversos especialistas señalan que las mujeres suelen comunicar más el estrés y la ansiedad, en parte por normas sociales que fomentan su expresión emocional. En cambio, los hombres suelen estar menos acostumbrados a exteriorizar estos sentimientos.
La geropsicóloga Michelle Feng explica que esta diferencia cultural influye directamente en cómo se perciben los resultados del cuidado. Además, sugiere que las mujeres tienden a reflexionar más profundamente sobre el duelo asociado al envejecimiento de sus padres.
Expectativas y carga desigual
También influyen las expectativas sociales. A las mujeres, tradicionalmente, se les atribuye un rol natural de cuidadoras, lo que genera mayor presión para cumplir con ese papel. El psicólogo Barry Jacobs señala que estas altas expectativas suelen venir acompañadas de menor reconocimiento y apoyo.
En contraste, los hombres enfrentan menos presión social en este ámbito, lo que puede hacer que vivan la experiencia con menos autoexigencia. Incluso, cuando participan en el cuidado, a menudo reciben más elogios, algo que rara vez ocurre con las mujeres.
El cuidado como oportunidad para los hombres
Para muchos hombres, cuidar a otros representa una oportunidad de alejarse de los roles tradicionales asociados a la masculinidad, como la competencia o la rigidez emocional. En cambio, esta labor les permite desarrollar empatía y conexión emocional.
La periodista Brigid Schulte ha documentado que muchos hombres desean involucrarse más en el cuidado, pero enfrentan barreras como estigmas sociales o falta de apoyo institucional. Aun así, quienes lo hacen suelen describir la experiencia como transformadora y significativa.
Cómo reducir la brecha
Los expertos coinciden en que estas diferencias no son inevitables. Recomiendan que todos los cuidadores busquen apoyo social y se den tiempo para reflexionar sobre el sentido de su labor, lo cual ayuda a reducir el estrés.
Jacobs sugiere imaginar cómo se verá esta experiencia en el futuro, lo que puede ayudar a encontrarle valor incluso en momentos difíciles. También insiste en la importancia de reducir la autocrítica, especialmente en las mujeres, ya que ser demasiado exigente solo empeora la experiencia.
Por su parte, Schulte aconseja no asumir toda la responsabilidad en solitario y fomentar una distribución más equitativa dentro de la familia. Esto puede comenzar con conversaciones simples sobre cómo se siente cada persona y qué necesita.
Finalmente, Jason Resendez, de la National Alliance for Caregiving, destaca que hablar abiertamente sobre el cuidado es fundamental. El agotamiento no solo afecta al cuidador, sino a toda la familia, por lo que es necesario encontrar formas más sostenibles de asumir esta responsabilidad.
En suma, aunque cuidar a un ser querido es una experiencia profundamente personal, también tiene implicaciones sociales, económicas y de salud que deben abordarse de manera colectiva.
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