Infección por SARS-CoV-2 vinculada a un mayor riesgo de enfermedad tiroidea

Datos recientes indican que la infección por COVID-19 causada por el virus SARS-CoV-2 podría incrementar el riesgo de desarrollar distintos trastornos tiroideos en personas que previamente no tenían estas afecciones.
Este aumento del riesgo se observó tanto en pacientes que requirieron hospitalización por la enfermedad como en aquellos que cursaron la infección sin necesitar ingreso hospitalario.
De acuerdo con Tim Q. Duong, profesor del Albert Einstein College of Medicine y coautor del estudio publicado en The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, si se confirma que la infección por SARS-CoV-2 eleva la probabilidad de disfunción tiroidea crónica, el número de casos de enfermedad tiroidea podría aumentar considerablemente. Esto tendría repercusiones para los sistemas sanitarios, ya que implicaría una mayor demanda de diagnóstico, seguimiento clínico y tratamiento.
Además, los investigadores señalan que las alteraciones de la glándula tiroides pueden afectar el nivel de energía de las personas y repercutir negativamente en la salud cardiovascular, metabólica y también en las funciones cognitivas, por lo que sus efectos podrían extenderse más allá del propio trastorno endocrino.
Posibles efectos a largo plazo
Los especialistas destacan la necesidad de comprender mejor las consecuencias a largo plazo de la infección por SARS-CoV-2 en distintos órganos, especialmente en la tiroides. Según explicó Duong, la respuesta del sistema inmunitario frente al virus podría provocar daños que se manifiesten años después de la infección.
Investigaciones previas sugieren varias explicaciones posibles. Una de ellas es la desregulación del sistema inmunitario, que puede desencadenar una liberación excesiva de moléculas inflamatorias —como la interleucina-6 y el factor de necrosis tumoral alfa— en un fenómeno conocido como “tormenta de citocinas”. Este proceso podría favorecer la aparición de anticuerpos contra proteínas tiroideas, como la tiroglobulina y la peroxidasa tiroidea, incluso en personas que antes no presentaban problemas en esta glándula.
Duong explicó que la tiroides es particularmente sensible a los procesos de inflamación intensa. En el caso de la COVID-19, la respuesta inmunitaria que intenta eliminar el virus puede volverse desproporcionada y causar lo que él describe como “daño colateral” en distintos tejidos del organismo.
Resultados del estudio
Para analizar esta posible relación, los investigadores realizaron un estudio de cohorte retrospectivo utilizando registros médicos electrónicos del Montefiore Health System en el Bronx, Nueva York. Los datos abarcaron el periodo entre el 1 de enero de 2016 y el 17 de agosto de 2024 e incluyeron únicamente a pacientes que no tenían diagnóstico previo de enfermedad tiroidea antes de la pandemia.
El análisis incluyó tres grupos:
15.372 personas hospitalizadas por COVID-19
41.757 pacientes con infección confirmada mediante prueba PCR que no requirieron hospitalización
171.141 personas sin diagnóstico registrado de COVID-19
Los resultados mostraron que 2,99 % de los pacientes hospitalizados por COVID-19 desarrollaron posteriormente algún trastorno tiroideo, frente al 1,39 % de quienes tuvieron la infección sin hospitalización y 1,03 % del grupo sin diagnóstico de COVID-19.
Aunque estas diferencias parecen pequeñas en términos absolutos, los investigadores señalan que podrían traducirse en una demanda considerable de atención médica si se proyectan a nivel poblacional.
En comparación con el grupo de control, las personas hospitalizadas por COVID-19 presentaron un riesgo significativamente mayor de desarrollar:
cualquier enfermedad tiroidea
Hipotiroidismo
Hipertiroidismo
otros trastornos tiroideos no especificados
Incluso quienes tuvieron COVID-19 sin necesidad de hospitalización mostraron un aumento del riesgo de estas afecciones.
Limitaciones y contexto del estudio
Los autores reconocen algunas limitaciones. Por ejemplo, no pudieron incluir los resultados de pruebas de COVID-19 realizadas en casa, lo que significa que algunas personas clasificadas como no infectadas o no hospitalizadas podrían haber tenido la enfermedad. No obstante, consideran poco probable que se hayan pasado por alto casos graves, ya que el sistema hospitalario Montefiore es el principal proveedor de atención médica en el Bronx.
Además, la población estudiada presenta características socioeconómicas y demográficas distintas a las del conjunto de Estados Unidos. Aproximadamente el 29 % de los habitantes del Bronx vive en situación de pobreza, una proporción mayor que el promedio nacional. También hay mayor diversidad étnica y una mayor proporción de residentes nacidos en el extranjero.
Implicaciones clínicas
Los investigadores señalan que se requieren más estudios en poblaciones más amplias para confirmar la relación entre la COVID-19 y la aparición de enfermedades tiroideas. También indican que el riesgo podría ser mayor en personas con factores predisponentes, como enfermedades autoinmunes, obesidad o cardiopatía coronaria.
Mientras se obtiene más evidencia, los especialistas sugieren que los profesionales de la salud consideren evaluar la función tiroidea en pacientes con factores de riesgo que hayan tenido COVID-19, incluso si la infección fue leve. Esto podría facilitar un diagnóstico temprano y un manejo oportuno de posibles trastornos endocrinos.
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