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Este ingrediente en tus comidas podría estar elevando tu presión arterial sin que te des cuenta

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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Cuando se aborda la hipertensión arterial, la sal suele acaparar la atención. No obstante, un número creciente de investigaciones en nutrición y cardiología señala que los azúcares añadidos pueden tener un impacto similar o incluso mayor en el incremento de la presión arterial.

Su ingesta excesiva, sobre todo a través de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados, se ha vinculado con alteraciones metabólicas, inflamación persistente y una mayor carga para el sistema cardiovascular.

A continuación, se describen nueve mecanismos respaldados por la evidencia científica que explican de qué manera los azúcares añadidos pueden favorecer el desarrollo de hipertensión.

1. El azúcar añadido puede incrementar directamente la presión arterial Estudios clínicos y observacionales han mostrado que un alto consumo de azúcares añadidos se asocia con mayor riesgo de hipertensión, incluso en personas que no consumen grandes cantidades de sal. Este efecto se observa con mayor claridad en quienes ingieren refrescos y productos altamente procesados. El azúcar no solo aporta calorías sin valor nutricional, sino que también desencadena respuestas hormonales y metabólicas que alteran la función vascular y el equilibrio de líquidos.

2. Elevación del ácido úrico y daño en los vasos sanguíneos La fructosa —presente en el azúcar común y en el jarabe de maíz de alta fructosa— puede elevar los niveles de ácido úrico en sangre. Cuando esta sustancia permanece elevada de forma crónica, aumenta el riesgo de hipertensión. El exceso de ácido úrico reduce la disponibilidad de óxido nítrico, molécula esencial para la dilatación de los vasos. Sin ella, las arterias se vuelven más rígidas y aumenta la resistencia vascular.

3. Vasoconstricción renal El aumento del ácido úrico inducido por el consumo de azúcar puede provocar estrechamiento de los vasos sanguíneos en los riñones, disminuyendo el flujo renal. Esto afecta la capacidad del órgano para regular adecuadamente la presión arterial. Además, puede activarse el sistema renina-angiotensina-aldosterona, lo que favorece la retención de sodio y agua, incrementando el volumen sanguíneo.

4. Resistencia a la insulina Una alimentación rica en azúcares añadidos reduce progresivamente la sensibilidad a la insulina. Como resultado, el cuerpo produce mayores cantidades de esta hormona para mantener estable la glucosa en sangre. El exceso de insulina favorece la retención de sodio y líquidos en los riñones, elevando así la presión arterial.

5. Inflamación crónica de bajo grado La resistencia a la insulina también promueve un estado inflamatorio persistente, caracterizado por la liberación continua de mediadores inflamatorios. Esta inflamación daña el endotelio, reduce la elasticidad arterial y favorece la rigidez de las arterias, un factor estrechamente vinculado con la hipertensión.

6. Aumento de peso y grasa abdominal El consumo excesivo de azúcares añadidos contribuye al incremento de peso, particularmente a la acumulación de grasa en la zona abdominal. Este tipo de grasa es metabólicamente activa y se asocia con mayor riesgo cardiovascular. La obesidad abdominal forma parte del síndrome metabólico, que incluye hipertensión, alteraciones en el colesterol y elevación de la glucosa.

7. Conexión entre azúcar, ácido úrico y obesidad Los niveles elevados de ácido úrico relacionados con el consumo de azúcar no solo afectan la función vascular, sino que también se asocian con mayor riesgo de obesidad y presión arterial alta. Esto respalda la idea de que el azúcar añadido actúa como un factor metabólico que enlaza obesidad, hipertensión y enfermedad cardiovascular.

8. Diferencia entre azúcares naturales y añadidos Los azúcares presentes de forma natural en frutas y lácteos están acompañados de fibra, proteínas y micronutrientes que moderan su absorción y reducen su impacto metabólico. Por el contrario, los azúcares añadidos —frecuentes en refrescos, yogures endulzados, cafés saborizados, salsas y snacks procesados— se absorben rápidamente y se relacionan más estrechamente con hipertensión y enfermedades crónicas.

9. Interacción entre azúcar y sal Aunque la sal sigue siendo un elemento clave en la hipertensión, estudios recientes sugieren que el azúcar y el sodio pueden potenciar sus efectos negativos. Una dieta alta en sodio puede estimular la producción interna de fructosa, intensificando el impacto del azúcar. Esta combinación podría explicar por qué algunas personas desarrollan hipertensión aun cuando reducen la sal, pero mantienen un consumo elevado de productos azucarados.

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