Especialistas revelan cómo identificar una migraña antes de que aparezca el dolor

Durante siglos, la migraña estuvo rodeada de creencias erróneas, mitos y explicaciones sin fundamento.
En distintas épocas se recurrió a remedios tan inusuales como colocar pescado sobre la cabeza, mientras que algunos atribuían estos episodios a la personalidad o a problemas emocionales. Sin embargo, los avances de la neurociencia han demostrado que se trata de una enfermedad neurológica compleja, muy diferente de las antiguas teorías centradas únicamente en los vasos sanguíneos.
Este nuevo conocimiento ha permitido comprender mejor los mecanismos que originan la migraña y ha impulsado el desarrollo de tratamientos dirigidos específicamente contra sus causas, mejorando la calidad de vida de millones de personas.
Una enfermedad neurológica que suele confundirse con otros dolores de cabeza
Los especialistas clasifican las cefaleas en dos grandes categorías. Las cefaleas primarias son aquellas que no están causadas por una lesión o enfermedad estructural del cerebro, mientras que las cefaleas secundarias aparecen como consecuencia de afecciones como hemorragias cerebrales, meningitis, tumores o accidentes cerebrovasculares.
La migraña pertenece al grupo de las cefaleas primarias, aunque con frecuencia se confunde con otros tipos de dolor de cabeza, lo que puede retrasar tanto el diagnóstico como el tratamiento adecuado.
Alexandra Sinclair, profesora de Neurología en la Universidad de Birmingham y presidenta de la Asociación Británica para el Estudio del Dolor de Cabeza, explica que diferenciar una migraña de otras cefaleas requiere una evaluación clínica detallada, ya que varios síntomas pueden ser similares entre distintos pacientes.
Generalmente, la migraña se caracteriza por un dolor de intensidad moderada o intensa, de tipo pulsátil, que suele afectar un solo lado de la cabeza y acompañarse de sensibilidad a la luz y al ruido, náuseas y necesidad de permanecer en reposo.
El origen de la migraña está en el sistema nervioso
Las investigaciones más recientes han demostrado que la migraña se inicia con la activación anormal del sistema trigeminovascular, una red formada por nervios y vasos sanguíneos encargada de transmitir las señales de dolor dentro del cerebro.
En este proceso desempeña un papel fundamental el nervio trigémino, el principal nervio sensorial de la cabeza, responsable de transmitir sensaciones como el tacto, la temperatura y el dolor, además de participar en algunos movimientos de la mandíbula.
Cuando este sistema se activa de forma anormal, libera una proteína denominada CGRP (péptido relacionado con el gen de la calcitonina), que desencadena las señales responsables del dolor característico de la migraña.
Este descubrimiento ha transformado la comprensión de la enfermedad y ha permitido desarrollar tratamientos mucho más específicos.
Las cuatro fases de una migraña
Contrario a lo que muchas personas creen, la migraña no comienza cuando aparece el dolor de cabeza, sino que suele desarrollarse en varias etapas.
La primera es el pródromo, que puede iniciar hasta 24 horas antes del dolor. Durante esta fase pueden presentarse bostezos frecuentes, cansancio, cambios de humor, aumento de la frecuencia urinaria o antojos de ciertos alimentos.
Durante mucho tiempo se pensó que alimentos como el chocolate o el queso provocaban las migrañas. Sin embargo, estudios de imagen cerebral han demostrado que estos antojos forman parte del proceso neurológico previo al ataque y no necesariamente son la causa del episodio.
La segunda etapa corresponde al aura, presente en aproximadamente tres de cada diez personas con migraña. Durante esta fase pueden aparecer destellos luminosos, alteraciones visuales, pérdida parcial de la visión, hormigueo en la cara o las extremidades e incluso dificultades temporales para hablar.
Posteriormente aparece la fase del dolor, que puede prolongarse entre cuatro y 72 horas y llegar a ser lo suficientemente intensa como para impedir las actividades cotidianas.
Finalmente, muchas personas experimentan el postdromo, una etapa de recuperación caracterizada por fatiga, dificultad para concentrarse y sensación de debilidad que puede durar uno o dos días.
Factores que pueden desencadenar una crisis
Aunque existe un importante componente genético, diversos factores pueden favorecer la aparición de una migraña. Entre los más comunes se encuentran:
Dormir menos horas de lo habitual. Dormir en exceso. Estrés intenso o prolongado. Deshidratación. Suspender bruscamente el consumo habitual de cafeína. Cambios hormonales. Algunos factores ambientales.
En cuanto al uso de pantallas, la evidencia científica disponible no demuestra que los teléfonos móviles o las computadoras provoquen directamente migrañas. No obstante, muchas personas con esta enfermedad desarrollan una mayor sensibilidad a la luz durante las crisis, por lo que la exposición a pantallas puede intensificar los síntomas.
Una enfermedad incapacitante que aún enfrenta prejuicios
La Organización Mundial de la Salud considera la migraña una de las enfermedades que generan mayor discapacidad debido al impacto que tiene sobre la vida diaria.
Generalmente comienza durante la adolescencia y afecta a las personas en sus años de mayor productividad laboral.
Además, las mujeres presentan aproximadamente el doble de casos que los hombres, una diferencia que se relaciona con factores hormonales y con distintas respuestas biológicas del cerebro frente a las sustancias involucradas en el dolor.
A pesar de ello, muchas personas continúan enfrentando el estigma de que la migraña es simplemente un dolor de cabeza pasajero, una percepción que puede retrasar la búsqueda de atención médica y limitar el acceso a tratamientos adecuados.
Nuevas terapias que han transformado el tratamiento
Uno de los avances más importantes en el manejo de la migraña ha sido el desarrollo de medicamentos dirigidos específicamente contra la proteína CGRP, implicada en la aparición del dolor.
Entre ellos se encuentran los gepants, que se administran por vía oral y bloquean los receptores del CGRP, así como los anticuerpos monoclonales (MABs), que suelen aplicarse mediante inyecciones periódicas con el objetivo de prevenir las crisis.
Los especialistas consideran que estas terapias han revolucionado el tratamiento de la migraña, especialmente en personas con episodios frecuentes o incapacitantes. Sin embargo, su alto costo y la disponibilidad limitada continúan siendo obstáculos importantes para que muchos pacientes puedan acceder a ellas.
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