El Tai chi, la práctica que previene caídas e impulsa el bienestar mental

La práctica del tai chi se ha consolidado como una opción prometedora para favorecer la salud cardiovascular en adultos mayores, de acuerdo con un análisis reciente de la Harvard Medical School. Esta disciplina resulta especialmente atractiva para quienes buscan ejercicio físico accesible y de bajo impacto, en particular personas con movilidad reducida o enfermedades crónicas.
Originado en China como arte marcial y método de defensa personal, el tai chi evolucionó con el tiempo hacia una práctica centrada en la conexión mente-cuerpo y el bienestar integral. En la actualidad, se practica globalmente en modalidades orientadas a la salud más que al combate, y es habitual ver a personas mayores realizándolo en parques y centros comunitarios mediante movimientos lentos, fluidos y encadenados.
A diferencia de actividades como correr o incluso el yoga, el tai chi se basa en secuencias suaves, respiración profunda y atención consciente. Según la Harvard Medical School, esta combinación puede contribuir a mejorar la presión arterial, la capacidad aeróbica y la variabilidad de la frecuencia cardíaca, tres indicadores relacionados con menor riesgo de eventos cardiovasculares en edades avanzadas.
No obstante, la institución señala que muchos estudios presentan limitaciones metodológicas: suelen incluir pocos participantes y períodos de seguimiento cortos, lo que dificulta extrapolar los resultados a la población general. Además, varios trabajos recurren a mediciones subjetivas de bienestar, lo que puede influir en la interpretación de su efectividad real.
Un metaanálisis citado por Harvard evaluó a pacientes con hipertensión que practicaron tai chi durante al menos 12 semanas y observó una disminución promedio de 7 mmHg en la presión sistólica, junto con mejoras en el perfil lipídico. Sin embargo, la diversidad de protocolos y la falta de criterios homogéneos reducen la solidez de estas conclusiones.
Especialistas consultados por la plataforma Conectando Pacientes destacan que el tai chi ofrece ventajas claras en adultos mayores: mínimo impacto sobre las articulaciones, ausencia de equipamiento especializado y facilidad de aprendizaje. También favorece el equilibrio, la flexibilidad y la fuerza muscular, factores esenciales para prevenir caídas, una de las principales causas de hospitalización en mayores de 65 años.
Sus efectos no se limitan al plano físico. Investigaciones revisadas por Conectando Pacientes indican mejoras en niveles de estrés, ansiedad y calidad del sueño entre practicantes de edad avanzada. Estos beneficios se atribuyen a la combinación de movimiento moderado con concentración mental, que promueve un bienestar más amplio.
Desde una perspectiva fisiológica, se plantea que el tai chi podría influir en el sistema nervioso autónomo, ayudando a regular el ritmo cardíaco y a disminuir marcadores inflamatorios. Estos cambios favorecerían la vasodilatación y la elasticidad arterial, procesos fundamentales para la salud del sistema cardiovascular.
Organizaciones médicas como la American Heart Association y la Sociedad Española de Cardiología coinciden en que el tai chi debe entenderse como complemento y no como reemplazo de tratamientos farmacológicos ni de las recomendaciones clínicas establecidas para enfermedades cardiovasculares.
La comunidad científica insiste en la necesidad de estudios más amplios y con biomarcadores objetivos que confirmen los efectos observados hasta ahora. Además, cualquier persona interesada en incorporar esta práctica debería considerar su estado de salud previo y consultar con profesionales cualificados, especialmente en casos de arritmias, fragilidad ósea u otras patologías.
El componente social también desempeña un papel relevante. Según datos difundidos por Conectando Pacientes, más del 70% de los adultos mayores mantiene mejor la constancia cuando la actividad se realiza en grupo, lo que podría reforzar beneficios cardiometabólicos sostenidos.
La expansión del tai chi más allá de China y su adopción como estrategia de salud pública reflejan el creciente interés en alternativas no farmacológicas que ayuden a las personas mayores a mejorar su calidad de vida sin asumir riesgos elevados. Mientras la investigación continúa explorando sus mecanismos y alcances, esta disciplina se afianza como una opción accesible y potencialmente útil para proteger la salud cardiovascular en la vejez.
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