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El cáncer es un factor de riesgo independiente para la enfermedad cardiovascular

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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La Lourdes Figueiras‑Graillet explicó que, sin importar los factores de riesgo previos, las personas con cáncer suelen presentar un estado proinflamatorio.

Además, reciben tratamientos como medicamentos y radioterapia que pueden incrementar la probabilidad de sufrir un infarto. Esta advertencia la realizó durante su conferencia sobre infarto agudo en pacientes oncológicos presentada en el Congreso Anual de Cardiología Internacional (CADECI) 2026.

La especialista señaló que aproximadamente uno de cada diez pacientes con cardiopatía isquémica tiene antecedentes de cáncer, mientras que uno de cada 30 podría desarrollar un cáncer nuevo. Esto refleja una relación bidireccional entre ambas enfermedades: el cáncer puede favorecer la aparición de cardiopatía isquémica y, a su vez, esta afección cardíaca puede asociarse con el desarrollo de cáncer.

También destacó que alrededor del 30 % de las muertes en pacientes con cáncer se deben a causas cardiovasculares. Los sobrevivientes de cáncer infantil —especialmente quienes padecieron leucemias o linfomas— constituyen un grupo particularmente vulnerable. Independientemente del tratamiento recibido, ya sea trasplante, antraciclinas o radioterapia, estos pacientes tienen hasta 15 veces más riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca durante su vida y siete veces más riesgo de muerte cardiaca prematura en comparación con la población general.

Ante este panorama, la cardióloga recomendó un abordaje multidisciplinario para atender a estos pacientes y evitar negarles terapias que pueden salvarles la vida. En este sentido, subrayó que los cardiólogos intervencionistas deben trabajar de forma estrecha con especialistas en cardiooncología, debido a la alta presencia de pacientes con cáncer en las salas de hemodinamia.

La experta explicó que el cáncer y las enfermedades cardiovasculares comparten varios factores de riesgo, entre ellos obesidad, diabetes, tabaquismo y sedentarismo, los cuales activan procesos metabólicos inflamatorios. Además, mencionó fenómenos como la expansión clonal, un proceso natural mediante el cual una célula se replica y produce copias de sí misma; sin embargo, cuando este fenómeno se altera puede favorecer la aterogénesis.

En muchos pacientes con cáncer también se observan condiciones como anemia, hipoxemia, hiperviscosidad sanguínea, trombocitosis, trastornos de la coagulación y procesos de carcinogénesis. Todos estos factores convergen en una misma vía fisiopatológica: la inflamación. Según explicó, enfermedades como diabetes, hipertensión, obesidad y el tabaquismo generan mecanismos inflamatorios que pueden provocar la formación y ruptura de placas ateroscleróticas, al mismo tiempo que favorecen el desarrollo del cáncer.

Asimismo, en los pacientes oncológicos suele presentarse hipercoagulabilidad maligna, caracterizada por un aumento de factores que favorecen la coagulación. En este proceso, los macrófagos liberan interleucina-1 e interleucina-6, lo que estimula la agregación plaquetaria. No obstante, el daño endotelial y la formación de trombos suelen ser más intensos en pacientes con cáncer que en aquellos con cardiopatía isquémica sin enfermedad oncológica.

De acuerdo con la especialista, los adenocarcinomas son los tumores que con mayor frecuencia se asocian con trombosis y síndrome coronario agudo. Entre ellos destacan los cánceres de próstata, pulmón, páncreas y estómago, que además de tener elevada mortalidad y baja supervivencia, se relacionan con un mayor riesgo de trombosis en distintas partes del organismo, particularmente en el sistema coronario.

También recordó que, cuando se diagnostica un cáncer, la enfermedad coronaria ya suele estar presente en muchos casos. Por ejemplo, en las mamografías se pueden observar calcificaciones arteriales en las mamas, las cuales se han vinculado con la calcificación de las arterias coronarias y se consideran un marcador de riesgo cardiovascular.

El paciente con cáncer presenta un estado proinflamatorio, daño endotelial y mayor tendencia a la ruptura de placas ateroscleróticas, además de un aumento de citocinas circulantes y mayor permeabilidad de la microvasculatura. Sin embargo, el perfil del paciente oncológico que desarrolla síndrome coronario agudo suele ser distinto al de otros pacientes: con frecuencia se trata de personas de mayor edad, con desnutrición, alteraciones metabólicas por vómitos, hipopotasemia y efectos adversos del tratamiento oncológico, como mucositis. También pueden presentar trastornos de la coagulación relacionados con daño hepático, lo que implica un alto riesgo tanto de trombosis como de sangrado.

Los pacientes que padecen cáncer y enfermedad coronaria al mismo tiempo suelen recibir menos procedimientos de revascularización que aquellos sin cáncer, y además presentan mayor mortalidad y más complicaciones durante o después de los procedimientos.

La cardióloga también citó investigaciones propias que muestran una estrecha relación entre aterosclerosis y radioterapia. Los tratamientos contra el cáncer pueden dañar el endotelio vascular, y estas células son particularmente sensibles a la radiación. De hecho, tras la radioterapia se observa un incremento inmediato de marcadores inflamatorios.

 

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