Dormir 11 minutos más y moverte un poco más podría reducir el riesgo cardíaco

Un cambio pequeño en la rutina diaria puede traducirse en una mejora importante para la salud. Así lo respalda una investigación internacional que encontró que ajustar ligeramente el sueño, la alimentación y la actividad física puede reducir de manera significativa el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
El estudio, publicado en la European Journal of Preventive Cardiology, señala que acciones tan simples como dormir 11 minutos más, añadir 4.5 minutos de ejercicio moderado o intenso y consumir una pequeña porción extra de verduras pueden disminuir hasta en un 10 % la probabilidad de eventos graves, como infarto, accidente cerebrovascular o insuficiencia cardíaca.
Un análisis con más de 53 mil personas La investigación siguió a más de 53,000 adultos del Biobanco del Reino Unido durante ocho años. Los resultados muestran que incluso modificaciones mínimas, cuando se mantienen en el tiempo, pueden aportar beneficios clínicamente relevantes para la salud del corazón.
Para evaluar estos factores, los científicos utilizaron dispositivos portátiles que registraron sueño y actividad física, mientras que la alimentación se analizó mediante cuestionarios dietéticos.
La combinación de hábitos que más protege Además de estos pequeños ajustes, el estudio identificó un patrón de estilo de vida especialmente favorable:
dormir entre 8 y 9 horas por noche, realizar más de 42 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa, mantener una dieta balanceada.
Las personas que seguían esta combinación presentaron una reducción del 57 % en el riesgo cardiovascular frente a quienes mantenían hábitos menos saludables.
El investigador Nicholas Koemel subrayó que los cambios graduales suelen ser más realistas y sostenibles que transformaciones drásticas, por lo que la clave está en la suma constante de pequeñas acciones.
Actividades sencillas que cuentan El estudio destaca que no es necesario adoptar rutinas complicadas. Actividades cotidianas como:
subir escaleras, caminar a paso rápido, cargar las bolsas del supermercado,
también ayudan a alcanzar los niveles recomendados de ejercicio y benefician la salud cardiovascular.
Sueño, alimentación y ejercicio: un efecto conjunto La investigación refuerza la idea de que estos hábitos no funcionan por separado, sino de manera interconectada.
Por ejemplo, dormir mal puede alterar las hormonas del apetito y favorecer elecciones poco saludables. A su vez, una alimentación equilibrada mejora la energía y facilita mantenerse físicamente activo.
Dentro de una dieta cardioprotectora se recomienda:
aumentar frutas, verduras, pescado y cereales integrales, reducir carnes procesadas, bebidas azucaradas y productos refinados.
Limitaciones y siguientes pasos Aunque los hallazgos son prometedores, los autores aclaran que se trata de un estudio observacional. Esto significa que no puede confirmarse una relación directa de causa y efecto, por lo que harán falta ensayos clínicos para reforzar la evidencia.
Aun así, el profesor Emmanuel Stamatakis adelantó que el equipo ya trabaja en herramientas digitales para ayudar a las personas a integrar estos hábitos saludables en su vida diaria.
La evidencia sugiere que proteger el corazón no siempre exige cambios extremos: pequeñas mejoras sostenidas en el tiempo pueden tener un impacto muy importante en la prevención de enfermedades cardiovasculares.
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