Dieta baja en ultraprocesados, la clave para sumar años de vida

Hoy en día, los alimentos ultraprocesados forman parte habitual de la dieta de millones de personas mayores. No obstante, evidencia científica reciente indica que disminuir su consumo podría influir de manera decisiva en la diferencia entre un envejecimiento con problemas de salud y una etapa avanzada de la vida más activa y funcional.
Un estudio reciente analizó cómo elecciones alimentarias cotidianas pueden repercutir directamente en la autonomía y el bienestar físico en la tercera edad.
Qué son los ultraprocesados y por qué generan preocupación
De acuerdo con Moul Dey, profesora de Ciencia de la Nutrición en la Universidad Estatal de Dakota del Sur, en un análisis publicado en The Conversation, los alimentos ultraprocesados se producen mediante técnicas industriales complejas e incorporan aditivos, colorantes y conservadores poco habituales en la cocina doméstica. Entre los ejemplos más comunes se encuentran los platillos listos para calentar y los embutidos. En Estados Unidos, estos productos aportan más de la mitad de las calorías consumidas a diario.
El incremento en su consumo ha encendido alertas entre expertos en nutrición y salud pública, ya que diversas investigaciones los vinculan con mayor probabilidad de obesidad, enfermedades cardiovasculares y alteraciones metabólicas. Sin embargo, hasta hace poco había escasa evidencia sobre los beneficios concretos de reducirlos específicamente en adultos mayores y en contextos de vida real.
Diseño del estudio y participantes
La investigación fue encabezada por Moul Dey y su equipo en la Universidad Estatal de Dakota del Sur. Reclutaron a 43 personas de 65 años o más, de las cuales 36 completaron el estudio. Durante ocho semanas, los participantes siguieron un plan alimentario en el que los ultraprocesados representaban como máximo el 15% del total calórico, una proporción considerablemente inferior al promedio nacional.
Se propusieron dos versiones de menú: una con carnes rojas magras y otra vegetariana que incluía lácteos y huevo. Entre ambos periodos, los voluntarios retomaron temporalmente su alimentación habitual.
El estudio, cuyos resultados se difundieron en la revista Clinical Nutrition, se caracterizó por su rigor metodológico: el equipo proporcionó todas las comidas y colaciones, siguiendo las Guías Dietéticas oficiales de 2020-2025. A diferencia de otras investigaciones, no se pidió a los participantes que redujeran calorías, bajaran de peso ni modificaran su nivel de actividad física, lo que permitió evaluar el efecto específico de disminuir los ultraprocesados en condiciones cercanas a la vida cotidiana.
Resultados: cambios metabólicos y pérdida de peso
Los datos mostraron que quienes limitaron estos productos redujeron espontáneamente su ingesta calórica y experimentaron descenso de peso, tanto en masa corporal total como en grasa abdominal.
Además, se observaron mejoras en la sensibilidad a la insulina, incrementos en el colesterol considerado “bueno”, reducción de marcadores inflamatorios y ajustes favorables en hormonas vinculadas al apetito y al metabolismo.
Estos efectos positivos aparecieron tanto en la dieta con carne como en la vegetariana, lo que sugiere que el beneficio principal se relaciona con la reducción de ultraprocesados más que con un patrón alimentario específico.
Aplicación práctica y posibles recomendaciones futuras
Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es su enfoque realista. Según lo señalado en The Conversation, modificaciones alcanzables y sostenidas en la alimentación diaria pueden traducirse en mejoras significativas en la salud metabólica de las personas mayores. A diferencia de propuestas difíciles de mantener, esta intervención demuestra que una reducción factible puede generar resultados concretos.
Los investigadores consideran que la evidencia respalda la posibilidad de incluir de manera explícita la recomendación de disminuir ultraprocesados en las próximas Guías Dietéticas de Estados Unidos para el periodo 2025-2030, lo que podría influir en políticas públicas y en los hábitos alimentarios de una amplia población.
Limitaciones y retos pendientes
El equipo reconoce que el número reducido de participantes limita la extrapolación de los resultados a toda la población mayor. Tampoco se ha comprobado aún si las mejoras metabólicas se traducirán en menor incidencia de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares u otras patologías crónicas a largo plazo. Serán necesarios estudios más amplios y prolongados para confirmarlo.
Otro desafío es trasladar estos cambios a la vida diaria fuera del entorno controlado de un estudio clínico. Aún queda por determinar qué componentes o procesos industriales resultan más perjudiciales y cuáles estrategias son más efectivas para fomentar una alimentación menos dependiente de ultraprocesados en la vejez.
Alimentación, autonomía y calidad de vida
Mantener un metabolismo saludable es clave para conservar la movilidad, la independencia y una buena calidad de vida en edades avanzadas. Esta investigación refuerza la idea de que la alimentación es una herramienta poderosa para favorecer un envejecimiento más saludable. Aunque todavía existen interrogantes, los avances en este campo apuntan hacia nuevas oportunidades para promover una vejez más activa y autónoma.
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