Déficit de vitamina D: los síntomas silenciosos que pueden afectar tu salud

Con la llegada de la primavera y el aumento de las horas de luz solar, muchas personas empiezan a recuperar sus niveles de vitamina D. Sin embargo, tras varios meses con poca exposición al sol, es frecuente que este nutriente esté por debajo de lo recomendado sin que haya señales evidentes.
Durante el invierno, la menor exposición a la radiación UVB limita la producción de vitamina D en la piel. Esta disminución puede prolongarse durante semanas o meses sin ser detectada. Dado que la vitamina D es clave para la absorción de calcio y la salud de huesos y músculos, su déficit prolongado puede afectar distintas funciones del organismo.
Uno de los principales retos es que la falta de vitamina D no siempre causa síntomas claros. Cuando aparecen, suelen confundirse con molestias típicas del invierno, como fatiga constante, debilidad muscular, dolor óseo, menor resistencia física y pérdida de fuerza.
En situaciones más avanzadas, puede desarrollarse osteomalacia en adultos, una afección que debilita los huesos y aumenta el riesgo de fracturas, afectando especialmente a personas mayores.
Aunque la exposición solar es fundamental para producir vitamina D, los especialistas advierten que no debe buscarse de forma excesiva ni sin protección. La radiación solar acumulada incrementa el riesgo de cáncer de piel, por lo que se recomienda una exposición moderada y con medidas de protección.
Las autoridades de salud también enfatizan que no se deben realizar pruebas innecesarias ni consumir suplementos sin indicación médica. La medición de vitamina D debe hacerse cuando hay síntomas o factores de riesgo, siempre bajo supervisión profesional.
En adultos mayores, esta evaluación es especialmente importante, ya que con la edad la piel pierde eficiencia para sintetizar vitamina D. Además, su deficiencia puede afectar el equilibrio, la movilidad y la independencia.
Si se confirma un déficit, el tratamiento generalmente incluye suplementación controlada por un médico, ya que un exceso de vitamina D puede causar efectos adversos como hipercalcemia.
Para prevenir niveles bajos sin comprometer la salud, se recomienda adoptar hábitos simples: realizar actividades al aire libre con regularidad, mantener una dieta equilibrada, estar atentos a síntomas persistentes, evitar la automedicación y conservar una rutina de ejercicio adecuada.
En un entorno donde la información de salud circula rápidamente en redes sociales, los expertos destacan la importancia de seguir recomendaciones basadas en evidencia y actuar con prudencia, especialmente después del invierno.
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