Cuando el final está cerca: 9 síntomas que aparecen 24 horas antes de la muerte

En la fase final de la vida, el organismo atraviesa diversos cambios fisiológicos que forman parte del proceso natural cuando el cuerpo se acerca a la muerte.
Profesionales de la salud —como médicos, enfermeros y especialistas en cuidados paliativos— han descrito varias señales que pueden aparecer durante las últimas horas, especialmente en personas con enfermedades avanzadas o en estado crítico.
Aunque cada caso es distinto y depende de la condición médica del paciente, existen algunos cambios físicos y de comportamiento que suelen repetirse en las últimas 24 horas de vida. Reconocer estas señales puede ayudar a familiares y cuidadores a comprender mejor el proceso y brindar acompañamiento durante este momento.
1. Alteraciones en la respiración
Uno de los signos más habituales es la modificación del patrón respiratorio. La respiración puede volverse irregular, más lenta o presentar pausas prolongadas entre una inhalación y otra.
En algunos casos aparece la llamada respiración de Cheyne‑Stokes, que se caracteriza por ciclos de respiraciones profundas seguidas de periodos sin respirar. Esto ocurre porque el cerebro empieza a perder la capacidad de regular adecuadamente el ritmo respiratorio.
2. Reducción del nivel de conciencia
En las horas finales es frecuente que la persona experimente una disminución progresiva de la conciencia. Esto puede manifestarse como somnolencia intensa, dificultad para responder o largos periodos de sueño.
Este fenómeno se relaciona con la reducción de la actividad metabólica y con una menor llegada de oxígeno y flujo sanguíneo al cerebro, lo que puede llevar al paciente a un estado de semiinconsciencia o inconsciencia.
3. Cambios en la circulación y la temperatura
También suelen presentarse alteraciones en la circulación sanguínea. A medida que el corazón pierde fuerza, la sangre se concentra en los órganos vitales y disminuye su llegada a las extremidades.
Por ello, las manos y los pies pueden sentirse fríos o adquirir una coloración pálida o azulada, reflejando la disminución progresiva de la actividad cardiovascular.
4. Pérdida del apetito y de la sed
En la etapa final, el cuerpo ya no requiere la misma cantidad de energía. Por esta razón, muchas personas dejan de tener interés en comer o beber.
Los especialistas señalan que este cambio es parte del proceso natural del organismo y que intentar forzar la alimentación en esta fase puede resultar incómodo para el paciente.
5. Debilidad marcada y dificultad para moverse
La pérdida de fuerza suele intensificarse conforme se acerca el final de la vida. El paciente puede tener problemas para levantarse, sentarse o incluso mover brazos y piernas.
Esto ocurre porque el organismo dirige su energía hacia funciones básicas mientras otros sistemas comienzan a disminuir su actividad.
6. Alteraciones en la piel
Durante las últimas horas también pueden observarse cambios en la piel. Es frecuente la aparición de manchas irregulares o un aspecto moteado en brazos y piernas.
Este fenómeno se debe a la reducción del flujo sanguíneo y a la caída de la presión arterial, lo que altera la distribución normal de la sangre en la superficie corporal.
7. Respiración ruidosa por secreciones
En algunos pacientes aparece un sonido particular al respirar, conocido como estertor terminal. Este ocurre cuando se acumulan secreciones en la garganta o en las vías respiratorias.
Debido a la debilidad muscular y a la disminución del reflejo de deglución, el paciente ya no puede eliminar estas secreciones con facilidad.
8. Desorientación o cambios en la percepción
En las últimas horas algunas personas pueden experimentar confusión, desorientación o episodios de agitación. También puede presentarse dificultad para reconocer a familiares o responder a estímulos.
Estos cambios suelen relacionarse con la disminución del oxígeno en el cerebro y con alteraciones metabólicas propias de esta etapa.
9. Periodos de sueño más prolongados
Finalmente, muchas personas pasan la mayor parte del tiempo dormidas durante el último día de vida. Los periodos de sueño se vuelven más largos y el paciente puede permanecer con los ojos cerrados durante horas.
De acuerdo con especialistas en cuidados paliativos, este fenómeno refleja el proceso gradual de apagado del organismo, en el que el cuerpo reduce progresivamente su actividad hasta que las funciones vitales se detienen.
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