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Cuáles son los riesgos para la salud de dormir en una habitación mal ventilada

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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Dormir en una habitación con poca ventilación no es solo una molestia pasajera: puede convertirse en un riesgo silencioso que afecta el descanso, el rendimiento mental y la salud respiratoria.

En grandes ciudades y, con mayor frecuencia en climas fríos, muchas personas cierran puertas y ventanas por la noche, sin considerar que la acumulación de contaminantes invisibles puede volver el dormitorio un espacio poco saludable.

¿Qué ocurre en el organismo cuando no hay renovación de aire? Investigaciones recientes y recomendaciones de organismos internacionales ofrecen respuestas claras y medidas prácticas para evitar estos efectos.

Calidad del aire y descanso nocturno

Diversos estudios internacionales, respaldados por la revista médica Sleep Health, muestran que la acumulación de dióxido de carbono (CO₂), humedad y partículas en espacios cerrados deteriora el aire durante la noche.

Mientras dormimos, el CO₂ aumenta progresivamente debido a la respiración. Si no existe circulación adecuada, este gas y otros contaminantes permanecen concentrados en el ambiente, lo que puede provocar congestión, tos, sequedad y dificultades para lograr un sueño realmente reparador.

Una investigación difundida por Sleep Health señala que mayores niveles de dióxido de carbono en el dormitorio se relacionan con peores indicadores de calidad del sueño y menor desempeño cognitivo al día siguiente. En espacios cerrados, el CO₂ funciona como una señal directa de ventilación insuficiente y puede acumularse de forma considerable en pocas horas.

Efectos en el organismo: más que cansancio

Un análisis de la Universidad de Copenhague encontró que concentraciones elevadas de CO₂ durante la noche se asocian con menos sueño profundo y con respuestas fisiológicas vinculadas al estrés, como aumento de la frecuencia cardíaca al despertar.

Esto puede traducirse en fatiga persistente, problemas de concentración e irritabilidad a lo largo del día. El impacto depende de la edad y del estado de salud: en adultos jóvenes sanos, una noche en aire viciado puede causar solo pesadez; sin embargo, en personas mayores o con enfermedades crónicas como asma, EPOC o afecciones cardíacas, la exposición repetida puede agravar síntomas respiratorios y cardiovasculares.

Además, la humedad representa un factor clave, especialmente en invierno cuando las ventanas permanecen cerradas. Un exceso favorece la aparición de moho y ácaros, que pueden desencadenar alergias y problemas respiratorios. Según la Organización Mundial de la Salud, la humedad relativa debería mantenerse por debajo del 60 % y los ambientes cerrados deben ventilarse de forma regular para reducir riesgos.

La humedad también retiene olores y compuestos químicos, prolongando la exposición a sustancias potencialmente irritantes.

Cómo mejorar la ventilación del dormitorio

Especialistas en salud ambiental recomiendan acciones simples pero efectivas, incluso en climas fríos o zonas urbanas:

Favorecer la ventilación cruzada, abriendo ventanas en lados opuestos para generar circulación.

Airear la habitación al menos diez minutos cada mañana, incluso en invierno.

Observar señales como condensación frecuente en ventanas, indicio de que el aire necesita renovarse.

Evitar el uso prolongado y sin control de humidificadores, y limpiar con regularidad los filtros de calefacción o aire acondicionado.

Cambios pequeños en la rutina diaria, como abrir las ventanas unos minutos, pueden mejorar notablemente la calidad del aire del dormitorio y promover un descanso más profundo y reparador. La evidencia científica respalda que el aire fresco es un componente esencial para el bienestar nocturno y la salud general.

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