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Cómo la práctica intensiva de la observación de aves puede favorecer la longevidad

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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Una investigación centrada en la experiencia de personas aficionadas a la observación de aves encontró que la práctica especializada —más allá de factores genéticos o de llevar un estilo de vida saludable— puede relacionarse con una mayor densidad de tejido en zonas específicas del cerebro vinculadas con la atención y la percepción.

Este hallazgo podría tener implicaciones en la preservación de la función cognitiva con el paso del tiempo.

El estudio, publicado en The Journal of Neuroscience, analizó en qué medida el desarrollo de habilidades complejas, como distinguir especies de aves, influye tanto en la estructura como en la actividad cerebral de adultos de distintas edades.

La observación de aves transforma la estructura cerebral

Al evaluar imágenes cerebrales de 58 adultos —29 expertos y 29 principiantes en observación de aves, con edades entre 22 y 79 años— el equipo encabezado por Erik Wing, del Instituto de Investigación Rotman en Canadá, detectó mayor densidad tisular en regiones asociadas con la atención y el reconocimiento visual en quienes tenían mayor nivel de pericia.

De acuerdo con el artículo, realizado junto a Geneva Mariotti, Jennifer Ryan y Asaf Gilboa, estas diferencias estructurales no se explicaban por la edad ni por la cantidad exacta de años dedicados a la actividad, ya que el grado de experiencia se estableció mediante pruebas específicas y no por antigüedad.

Las áreas implicadas incluyen regiones frontoparietales y zonas corticales posteriores, que suelen ser vulnerables al envejecimiento. Los expertos mostraron menor difusividad media en sectores como el surco frontal superior, la región intraparietal superior y el giro angular, lo que sugiere una organización cerebral más compleja y compacta. Además, estas regiones se activaban de manera selectiva cuando los participantes realizaban tareas exigentes de identificación, como clasificar especies no locales del área de Toronto. En conjunto, los resultados indican que el entrenamiento intensivo en observación de aves favorece cambios paralelos en la estructura y función cerebral, impulsados por la práctica especializada.

La edad no anula los beneficios

Uno de los resultados más relevantes fue que las diferencias cerebrales favorables en los expertos también se observaron en personas mayores, lo que cuestiona la idea de que el envejecimiento impide adquirir o mantener habilidades cognitivas avanzadas.

Sin embargo, Molly Mather, psicóloga clínica del Instituto Mesulam de Neurología Cognitiva y Enfermedad de Alzheimer de la Universidad Northwestern —quien no participó en el estudio— señaló que los datos no prueban que la observación de aves prevenga el deterioro cognitivo. Según advirtió, es posible que personas con cerebros predispuestos a ciertas habilidades se sientan naturalmente atraídas por esta actividad, en lugar de que la práctica sea la causa directa de los cambios observados.

Aun así, Wing sostuvo que dedicar muchas horas —o incluso décadas— a una disciplina exigente puede contribuir a sostener la salud cognitiva con el paso de los años, ya que los intereses y experiencias prolongadas dejan una huella medible en la estructura cerebral.

Impacto en memoria y envejecimiento

Los datos mostraron que la menor difusividad media en determinadas regiones también tendía a amortiguar el deterioro asociado a la edad dentro del grupo experto. Además, en pruebas de memoria posteriores, quienes habían desarrollado habilidades para vincular información —como asociar rostros con especies de aves— superaron a los principiantes incluso en tareas ajenas a su campo habitual.

Aprendizaje especializado y contacto con la naturaleza

La observación de aves exige procesos complejos como identificación visual detallada, búsqueda activa en el entorno, atención sostenida, detección de patrones y uso de memoria de trabajo. Esto implica comparar lo que se percibe con representaciones mentales previamente consolidadas, activando circuitos neuronales clave.

Benjamin Katz, profesor asociado de Virginia Tech, destacó que no solo la habilidad técnica explicaría estos efectos. La actividad suele combinarse con contacto con la naturaleza, ejercicio físico y socialización, factores que también se han vinculado con mejoras en la atención, menor riesgo de deterioro cognitivo y mayor velocidad de procesamiento.

Finalmente, Katz subrayó la necesidad de estudios longitudinales para establecer una relación causal clara y determinar con mayor precisión si la observación de aves tiene un efecto directo y sostenido en la salud cerebral.

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