Cómo la ansiedad preoperatoria puede influir en el dolor y la recuperación

La ansiedad antes de una cirugía no es un factor menor, ya que puede influir directamente en los resultados del procedimiento, según explicó Jorge Velázquez Saornil, profesor de Fisioterapia en la Universidad Pontificia de Salamanca en The Conversation. Este estado emocional se ha vinculado con mayor dolor después de la operación, incremento en el uso de analgésicos, recuperación más lenta y mayor probabilidad de complicaciones.
A pesar de su relevancia, la detección y el manejo de esta ansiedad suelen quedar en segundo plano frente a los aspectos técnicos del tratamiento, lo que genera una desconexión entre la atención emocional y la práctica clínica.
Incluso en intervenciones consideradas simples, como la cirugía mínimamente invasiva del hallux valgus (juanete), se ha observado este fenómeno. Un estudio reportó que el 36% de los pacientes presentaba ansiedad antes de la operación, aun tratándose de un procedimiento de bajo riesgo. En general, se estima que entre el 85% y el 93% de las personas experimentan algún grado de ansiedad previo a una cirugía.
La relación entre esta ansiedad y peores resultados postoperatorios representa un desafío para la medicina. Detectarla y tratarla oportunamente puede contribuir a reducir el dolor, acortar la estancia hospitalaria y favorecer una mejor recuperación.
Identificar estos niveles de preocupación desde etapas tempranas permite aplicar medidas como brindar información clara o apoyo psicológico, lo cual mejora tanto la experiencia del paciente como los resultados clínicos.
El acceso a información juega un papel complejo. En algunos casos, recibir demasiados detalles puede aumentar la inquietud. Por ejemplo, se encontró que el 81% de los pacientes que solicitó más información sobre su cirugía tenía hasta cinco veces más probabilidades de presentar ansiedad. En contraste, quienes conocían a su cirujano o ya habían pasado por una operación tendían a sentirse más tranquilos.
Diversos factores influyen en esta ansiedad, como la percepción de la gravedad del procedimiento, su duración, experiencias previas negativas, el dolor existente y la predisposición individual. También es clave la calidad de la comunicación médica: cuando es insuficiente o poco clara, los pacientes suelen recurrir a internet o foros, donde la información puede ser confusa o alarmante.
Por ello, no se trata de ofrecer más información, sino de presentarla de forma clara, comprensible y adaptada a cada paciente. Explicar aspectos como la anestesia, el dolor esperado y el proceso de recuperación, además de fortalecer la relación médico-paciente, son estrategias simples pero efectivas.
En casos de ansiedad intensa, puede ser necesario el apoyo de profesionales de la salud mental para un abordaje integral.
Aunque la evidencia respalda la importancia de estos factores emocionales, su inclusión en las evaluaciones prequirúrgicas sigue siendo limitada, debido a la carga asistencial y la prioridad de variables clínicas.
Sin embargo, áreas como la cirugía ortopédica y la anestesiología ya están incorporando programas de educación preoperatoria y preparación emocional. Estas iniciativas ayudan a los pacientes a entender el proceso, expresar sus temores y aplicar técnicas de afrontamiento, como ejercicios de respiración o manejo cognitivo, con resultados prometedores.
Reconocer la ansiedad preoperatoria —incluso en procedimientos menores— y tratarla con la misma importancia que los aspectos físicos puede mejorar tanto la experiencia del paciente como los resultados médicos, además de reducir costos en el sistema de salud.
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