Cómo fortalecer el bienestar emocional en el embarazo y posparto

La depresión perinatal, respaldada por una revisión sistemática que analizó a más de dos millones de mujeres en 90 países, se ha consolidado como un importante problema de salud pública a nivel mundial.
Las cifras más elevadas se registran en regiones como el sur de África subsahariana y el sur de Asia, donde la prevalencia supera el 15%, mientras que en áreas con mayores ingresos, como Asia Pacífico, ronda el 3%.
Estos datos reflejan que la depresión durante el embarazo y el posparto es una condición frecuente, muchas veces no diagnosticada, con consecuencias relevantes tanto para la madre como para el bebé. De acuerdo con el análisis publicado en The Lancet, la prevalencia del trastorno depresivo mayor se mantuvo alta durante todo el periodo perinatal, alcanzando su punto máximo alrededor de dos semanas después del parto. Los investigadores insistieron en la importancia de incorporar la detección y atención de la salud mental perinatal dentro de los sistemas de atención médica.
La presión de los ideales sociales y el silencio emocional
Especialistas en psicología perinatal señalan que muchas mujeres experimentan culpa debido a la visión idealizada de la maternidad, frecuentemente asociada con felicidad inmediata, plenitud y satisfacción constante. Cuando la experiencia real incluye agotamiento, miedo, angustia o emociones contradictorias, algunas madres sienten que “algo anda mal” en ellas, en lugar de reconocer que atraviesan una transformación física, emocional y vincular profunda.
La licenciada María Agustina Capurro explicó que esta presión social dificulta incluso expresar el sufrimiento emocional, ya que muchas mujeres sienten que no existe un espacio seguro para hablar sin temor al juicio. Esta situación favorece que los problemas de salud mental durante el embarazo y el puerperio permanezcan invisibilizados o sean detectados demasiado tarde.
En la misma línea, la psicóloga Fernanda Giralt Font destacó que los mandatos culturales sobre la maternidad pueden generar pensamientos rígidos como “debería disfrutar todo” o “si estoy triste soy mala madre”. Estas ideas aumentan la culpa, el aislamiento y el miedo a pedir ayuda.
La depresión también puede comenzar durante el embarazo
Aunque suele asociarse únicamente al posparto, la depresión perinatal también puede iniciarse durante el embarazo. Entre los factores de riesgo más frecuentes se encuentran antecedentes de ansiedad o depresión, pérdidas gestacionales previas, estrés crónico, violencia, dificultades económicas, falta de apoyo emocional, conflictos de pareja y trastornos del sueño.
Las especialistas también remarcan que mujeres con altos niveles de autoexigencia o perfeccionismo pueden vivir esta etapa bajo una presión emocional intensa.
Aun así, aclaran que prevenir no significa evitar cualquier malestar emocional, sino crear condiciones de cuidado integrales: controles médicos que incluyan salud mental, espacios terapéuticos, redes de apoyo y entornos donde el sufrimiento psicológico no sea minimizado.
Estrategias para fortalecer el bienestar emocional
El bienestar emocional durante el embarazo y el puerperio se sostiene a partir de múltiples hábitos y apoyos cotidianos. Entre las recomendaciones más respaldadas por especialistas se encuentran:
Priorizar el descanso y proteger las rutinas de sueño. Incorporar movimiento corporal suave y actividad física supervisada. Mantener una alimentación equilibrada. Evitar el aislamiento y fortalecer las redes de apoyo. Contar con espacios donde expresar emociones sin culpa ni juicio. Reducir la autoexigencia y practicar la autocompasión. Utilizar técnicas simples de regulación emocional, como respiración profunda, escritura o actividades creativas. Reconocer señales tempranas de sobrecarga emocional, como irritabilidad, llanto frecuente o sensación de encierro.
Las psicólogas subrayan que el bienestar emocional no implica sentirse feliz todo el tiempo. En esta etapa es normal atravesar días difíciles, cansancio o frustración. Lo importante es conservar cierta capacidad de regulación emocional, pedir ayuda cuando sea necesario y mantener momentos de conexión con el bebé, aunque no sean perfectos.
Consecuencias de no tratar la depresión perinatal
No detectar ni tratar a tiempo la depresión perinatal puede afectar gravemente tanto a la madre como al recién nacido. Entre las consecuencias posibles se encuentran el aislamiento, la cronificación del sufrimiento emocional, dificultades vinculares y un mayor riesgo de trastornos depresivos recurrentes.
Además, el malestar sostenido puede interferir en la disponibilidad emocional de la madre y en la relación temprana con el bebé, afectando dinámicas como el sueño, la alimentación y la regulación emocional dentro del vínculo.
Sin embargo, las especialistas enfatizan que esto no significa falta de amor hacia el hijo, sino que se trata de mujeres atravesando una condición de salud mental que requiere atención y acompañamiento.
Ambas expertas coinciden en que la detección temprana, el acceso a apoyo psicológico y la posibilidad de hablar del sufrimiento sin culpa son fundamentales para favorecer la recuperación y fortalecer tanto la salud mental materna como el vínculo con el bebé.
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