Cáncer infantil no puede 'detener' educación de pacientes en México

En México, donde la tasa de supervivencia del cáncer infantil ronda el 56 % —muy por debajo del 90 % que se reporta en otras naciones—, brindar un acompañamiento integral que incluya la educación resulta fundamental para evitar que la enfermedad profundice el rezago académico o frene el proyecto de vida de niñas y niños.
Así lo señala Lorenza Mariscal, directora del patronato de Casa de la Amistad para Niños con Cáncer.
“Hablar de cáncer es hablar de vida, porque sabemos que el 90 % de los niños se pueden curar, y no podemos frenar su aprendizaje ni su formación por estar atravesando esta situación”, afirma Mariscal en entrevista con EFE, en el contexto del Día Internacional del Cáncer Infantil.
De acuerdo con la Secretaría de Salud, cada año se detectan entre 5,000 y 6,000 nuevos casos de cáncer en menores de 18 años en el país, con una supervivencia estimada del 56 %. A nivel global, la Organización Mundial de la Salud calcula que cerca de 400,000 personas menores de 19 años son diagnosticadas anualmente, y que en países desarrollados la supervivencia a cinco años oscila entre el 80 % y el 90 %.
Para Mariscal, estas cifras demuestran que el cáncer infantil puede superarse y que, si existe una alta probabilidad de curación, la educación no debería interrumpirse. Apostar por que “la vida continúe y florezca”, sostiene, implica respaldar a los menores no solo en el ámbito médico, sino también en el académico, ya que su recuperación también representa una inversión en su porvenir.
Rezago y desventaja significativa
Sin embargo, la directora advierte que el panorama educativo en México ya presenta un rezago considerable, lo que coloca a los menores con cáncer en una situación de marcada desventaja. Durante el tratamiento, explica, los niños suelen ausentarse con frecuencia debido a hospitalizaciones, efectos secundarios o traslados —muchas veces hacia la Ciudad de México— que alteran su rutina escolar.
Además, para numerosas familias el diagnóstico detiene por completo la vida cotidiana y desplaza la educación ante la urgencia médica. Frente a ello, Casa de la Amistad procura preservar ciertas rutinas que mantengan la sensación de normalidad durante el tratamiento: horarios fijos para desayunar y asistir a clases, espacios de descanso en la ludoteca con apoyo terapéutico para canalizar emociones, y talleres vespertinos.
Actualmente, la organización respalda a 1,200 menores en tratamiento en 22 hospitales del país. En su albergue de la capital, con 47 habitaciones, atiende cada año a cerca de 300 niñas y niños que permanecen el tiempo necesario acompañados de su madre, padre o tutor.
Además de transporte, hospedaje y medicamentos, ofrece un programa educativo con validez oficial —desde preescolar hasta preparatoria, así como alternativas para padres mediante el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA)— con el objetivo de evitar que el diagnóstico implique abandono escolar.
Mariscal explica que muchos menores ingresan cursando un grado específico, pero al evaluarlos detectan lagunas importantes en conocimientos básicos. Por ello, implementan un modelo multigrado y multinivel, ajustado a las necesidades particulares de cada estudiante y basado en los saberes que ya poseen.
El impacto del rezago, añade, no se limita al menor enfermo. Cuando una familia debe mudarse temporalmente para recibir atención, la dinámica escolar de todos los hijos puede verse afectada.
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