Cambio climático afecta el descanso y aumenta las noches sin dormir

Investigaciones internacionales relacionan el aumento de las temperaturas nocturnas con una menor calidad del sueño y mayores riesgos para la salud pública.
Diversos estudios científicos concluyen que el aumento de las temperaturas nocturnas, asociado al cambio climático, está reduciendo la duración y calidad del sueño, un fenómeno que puede tener consecuencias para la salud física y mental.
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El calor afecta el descanso
Investigaciones recientes han documentado que el calor durante la noche dificulta el proceso natural mediante el cual el cuerpo reduce su temperatura para iniciar y mantener el sueño.
Uno de los estudios analizó más de siete millones de registros de sueño obtenidos mediante pulseras de actividad en 68 países, encontrando que el incremento de la temperatura nocturna se relaciona con una disminución tanto en la duración como en la calidad del descanso.
Los especialistas explican que, cuando el ambiente permanece demasiado cálido, el organismo tiene mayores dificultades para alcanzar la temperatura corporal adecuada para dormir.
Evidencia científica
Otra investigación publicada en la revista Nature evaluó 23 millones de registros diarios de sueño y concluyó que por cada aumento de 10 grados Celsius en la temperatura ambiente, se incrementan los problemas para dormir.
El estudio también identificó una reducción en la fase de sueño profundo, considerada esencial para la recuperación física y el funcionamiento cognitivo.
Además, una revisión publicada en Sleep Medicine señala que las personas mayores presentan mayores dificultades para regular su temperatura corporal, lo que las hace más vulnerables durante las noches cálidas.
Los análisis también indican que las mujeres pueden experimentar una mayor pérdida de sueño frente al aumento de temperatura debido a factores fisiológicos y hormonales.
Impacto del cambio climático
Organizaciones como Climate Central sostienen que el cambio climático está incrementando la frecuencia de noches con temperaturas elevadas, especialmente porque las temperaturas mínimas nocturnas aumentan a un ritmo mayor que las máximas diurnas.
Los especialistas advierten que la pérdida continua de sueño puede incrementar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, problemas de salud mental, deterioro cognitivo y accidentes laborales o de tránsito.
También destacan que las personas con menor acceso a sistemas de refrigeración enfrentan un mayor impacto del calor, lo que amplía las diferencias en las condiciones de descanso entre distintos sectores de la población.
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